La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Navío San Francisco de Asís. Parte de su Comandante don Luis Antonio de Flores.

Excmo. Sr.: Me hallo lastimado aún, con la cabeza bastante débil para notificar a V. E. todo lo ocurrido en el navío Asís; no obstante, de lo más esencial diré lo que pueda. El 19 me elevé, y volví a fondear por falta de viento. El 20 salí con toda la escuadra, y ocupé mi lugar en sus formaciones hasta la noche, que de resultas de las variaciones de rumbo nos agrupamos. El 21, en la formación de línea de combate mura a estribor y después babor, ocupé siempre mi puesto en la tercera escuadra aunque con buques de las otras, y en esta disposición y con la gavia en facha sostuve el combate con la división enemiga que dobló por barlovento dentro de la línea. Desde mi navío al Neptuno español, que era cabeza, no había Jefe, y estábamos como unos siete navíos fuera del fuego, por lo cual resolví para ceñir de la otra vuelta, con la esperanza de que me seguirían los demás y lograríamos doblar a los enemigos que tuvimos por barlovento. Hasta entonces me batí por babor, y me batieron por la misma aleta según iban virando y doblando los enemigos el centro de la línea. Ya sea por la flojedad del viento o por otras razones, había varios navíos franceses que no sólo no viraron, sino que se mantuvieron arribados. Con el aparejo en facha, logré volver a hacer fuego en un pequeño claro que me dejaban los navíos Héroe y Rayo, pero manteniéndose el primero arribado, a poco rato me sacó del tiro, lo cual me obligó a forzar la vela para propasarlo y orzar, ya que él no lo hacía; el poco viento y la demasiada proximidad de dicho Héroe me impidieron lograrlo, y entre tanto fuimos cayendo a sotavento. Entonces vi al navío de V. E. y a otros buques que hacían rumbo abierto por babor (hay una palabra ilegible por faltar el trozo de papel) en un repetido, y como no tenía a la vista ningún otro Jefe, me incorporé, tomando las aguas del navío Príncipe y siguiéndole hasta fondear al N. de Torre de San Sebastián. El 22 eché el bote al agua para tomar las órdenes de V. E., pero al dejar caer otra ancla, porque garreaba con la primera, cogió el orinque al bote y lo zozobró. Después vino por mi popa el Comandante del Rayo, y me dijo, de orden de V. E., que con él diese la vela para batir un navío de tres puentes, para lo cual que picase los dos cables, a lo que contesté quedaba enterado y pronto a ejecutarlo. Mis averías esenciales de combate eran nueve balazos a flor de agua, cuatro en el palo mayor, uno en la verga, dos en la de gavia, todo el velamen acribillado, mucha jarcia falta, la verga seca, cinco muertos y como unos doce heridos. Remedié la falta de la verga seca, tapé durante el fuego los balazos que bajaban al forro de cobre, e ínterin que hubo viento para dar la vela fui enmendando las jarcias.

Sin embargo del mal cariz, del mal estado de la arboladura, etc., luego que hubo viento, sin esperar al Rayo di la vela, por haber observado que los navíos Santa Ana y Neptuno español iban a la vuelta del NO. remolcados por una fragata y un navío enemigos. Para esta pronta y necesaria salida piqué los dos cables y entalinqué la primera ancla, siempre confiado en que mis temeridades en las operaciones serían sostenidas por el honor y ardor militar de V. E., y así atropellando por todos los riesgos, forcé de vela y a poco rato tuve la satisfacción de que los dos buques enemigos soltasen los remolques. El navío Rayo, que dió también su vela, seguía mis aguas y me puso la señal de tomar el remolque del Santa Ana a tiempo que ya lo practicaba una fragata francesa, y sin embargo, por hallarme a sotavento, viré y reviré hasta ponerme a sus aguas; se me hizo señal de tomar el fondeadero, y lo ejecuté con parecer del Práctico como a las siete de la tarde muy inmediato al Santa Ana y como al SO. del Diamante, al que no pude (hay una palabra ilegible por falta de trozo de papel). Di fondo a la esperanza, arrié cable, cargó el tiempo. Dejé caer la ancla, seguí arriando de las dos y me aguantaron hasta las tres y media de la madrugada del 23, que me faltaron las dos; mandé calzar el contrafoc para virar y encallar dentro de los bajos; no pudiendo acabar de virar, mandé picar los chicotes de los cables faltos, y ya entonces tocó el navío; inmediatamente hice picas los tres palos y logré echarlos a un tiempo por estribor.

Con un barril delgado envié un cabo delgado a la playa, y lo cogió un carabinero y después otros soldados alaron por él, y principié a sacar la gente, y en el ínterin hicimos una jangada. Seguí pues en esta maniobra todo el día, y a las diez de la noche del 24 salí con varios de mis Oficiales y sin más desgracias que la de haberme lastimado una pierna. En la madrugada del 25 todos estábamos en tierra, y creo que el número de ahogados no pasó de treinta, entre ellos el segundo Piloto o de cargo. Casi todos han salido lastimados, y hago presente a V. E. que debemos las vidas a las tropas del Regimiento de Zaragoza, que constantemente se mantuvieron alando las guías de las jangadas y embarcaciones. = Los auxilios que he recibido han sido dos ollas enviadas por el Coronel de Zaragoza y cien ogazas de pan por D. Pedro Cabrera, a quien supliqué me socorriese con dinero y víveres para la Oficialidad y gente, pues todos hemos quedado desnudos; me ofreció dos mil raciones y dos mil raciones O., en pero (hay una palabra ilegible por falta de trozo de papel) que en virtud de que todos debemos irnos al Departamento, que no daba ya ni uno ni otro socorro.

Yo, sin embargo de mi infeliz situación, no he abandonado la playa. Luego que el buque se deshizo, que fué antes de anoche, me vine a esta ciudad a curarme, dejando en la playa a mi Segundo, con alguna gente y un Oficial de guardia. La tropa de voluntarios de Cataluña está aquí acuartelada con los Oficiales, y se hallan sin socorro. La gente de mar se le ha socorrido con tres raciones, para ir al Depósito del Arsenal. La tropa de Marina y Brigadas, igualmente para sus cuarteles del Departamento; pero la Oficialidad del buque aun están varios en la playa desnudos, y otros aquí poco menos, y otros enfermos. Los efectos que se podrán lograr son muy pocos; algunos cañonazos están con trozos de costado en la playa, y sólo subsiste una parte de la proa del navío.

En atención a que se ha dispuesto en el Departamento que todos nos retiremos, necesito que V. E. me dé su orden al efecto, previniéndome a quién dejo el encargo de salvar los efectos del Rey.

Suplico a V. E. nos atienda a todos con algún dinero, pues todos estamos sin salud ni ropa.

Es cuanto puedo informar.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Puerto de Santa María, a 27 de octubre de 1805. Excmo. Sr. Luis Antonio Flores (rubricado).

Excmo. Sr. D. Federico Gravina. (Al margen dice: «Me he enterado por papel de V. S. del 27 del corriente de lo ocurrido en el navío de su mando.»)