La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Navío Santísima Trinidad. Parte de su Comandante don baltasar Hidalgo de Cisneros.

Excmo. Sr.: Considerando a V. E. impuesto en todas las ocurrencias de la escuadra en el combate de ella del día 21 de octubre, sólo me ceñiré a participarle las particulares del navío Santísima Trinidad, en que tuve arbolada mi insignia. Colocado dicho navío por la proa y a corta distancia del Almirante francés, de la línea de batalla inversa por la señal que para ello hizo dicho Jefe a las ocho y media, en cuya situación y dispuesto todo para emprender el combate luego que llegaron a tiro de ello el navío del Almirante Nelson, que seguido de otros dos de tres puentes se dirigían hacia nosotros, pero ya más cerca a las once y media, y reconociendo que su rumbo se dirigía a cortar la línea entre la popa del Trinidad y proa del almirante francés, mandó para evitarlo que se metiesen las gavias en facha, estrechándome a la mayor inmediación posible con el referido navío francés, y empezando a las doce para el mismo efecto un fuego vigoroso y sostenido, conseguí de dicho modo fustrar el intento del Almirante inglés; pero verificando el corte por la popa del Bucentauro, se colocó a nuestra aleta de estribor a muy corta distancia, ejecutando lo mismo por la parte de babor los otros dos navíos de tres puentes que le seguían, en cuya disposición continuamos el combate con los tres referidos buques, que también combatían el Bucentauro, el que habiendo sido desarbolado de sus palos mayor y mesana, a cosa de las tres mandé forzar de vela en lo posible según el mal estado en que se hallaba nuestra maniobra, mas para separame de dicho navío, que con la falta de sus palos se nos venía encima, como para alejarme algo del fuego de los enemigos y poder reparar algún tanto las averías y volver de nuevo al fuego, pero el viento muy flojo y marejada no nos permitieron ganar distancia, al paso que por instantes se aumentaban los destrozos en el aparejo; a las tres y media me retiraron herido, y al cuarto de hora me participó el Comandante el estado deplorable en que se hallaba el navío. Seguidamente bajó herido, como ya lo estaba, el Segundo, y verbalmente me informó hallarse sin gobierno, por estar enteramente desarbolado de todos sus palos, inutilizada mucha parte de su artillería y la restante sin poder hacer fuego, por hallarse embarazados los costados con palos, jarcias y velamen, con muchos balazos a flor de agua y cubiertas sus baterías de cadáveres y heridos; le envié a decir al tercer Comandante con mi único Ayudante D. Francisco Basurto continuase la acción en lo posible, sin rendirse antes de consultar con los Oficiales que quedaban en la acción, lo que verificado, según me participó, a las cuatro, quedó el navío rendido, manifestándolo con una bandera enemiga que se presentó en la mano por no haber paraje donde colocarla y evitar de dicho modo la total mortandad de la gente que sin poder hacer fuego lo estaba sufriendo. El navío quedó en tan mal estado, que sin embargo de haberme manifestado los Oficiales ingleses que lo marinaron el empeño particular del Almirante Nelson de rendirlo y conducirlo a Inglaterra, para cuyo efecto le había destinado los tres navíos más fuertes de su escuadra, tuvieron que desistir de esta idea, sacándonos precipitadamente al tercer día del combate, por la excesiva agua que no podían contener las bombas, la que en la misma noche lo sumergió enteramente, quedando el recelo de que hayan perecido en él más de ochenta heridos graves que se hallaban en la enfermería, por el corto tiempo que proporcionó el navío para trasbordarlos, pues que el navío Príncipe inglés, al que yo fui conducido con la Oficialidad, sólo vinieron unos trescientos hombres de la tripulación, considerando que el resto pasaría al navío Neptuno inglés, que también auxilió a ello.

Debo elogiar a V. E. la bizarría e intrepidez con que se portaron en la acción los Comandantes, Oficialidad y tripulación. De los primeros acompaño a V. E. lista de los muertos y heridos, sin que me sea fácil verificarlos con los segundos, así por la división última de ellos como porque en los dos días que permanecimos en el navío sufrieron una fatiga incesante, así para achicar su agua como para sujetar su artillería y demás trabajos que acarreaban el mal estado del navío, pero según el número de los que se arrojaron al agua en la noche del combate y días siguientes, computo sobre unos trescientos hombres la pérdida total, incluyendo en ella los que quedaron heridos, si como creo no se salvaron.

Al siguiente día de nuestro transbordo entró el temporal que sufrimos en el expresado navío, y al finalizar aquél, según observé, no quedaba en el cuerpo fuerte de la escuadra inglesa ningún navío de los nuestro apresados, y sólo el San Juan encontramos en Gibraltar a nuestra llegada a este fondeadero, sin que hasta ahora lo haya verificado ningún otro buque de la combinada.

Ayer nos remitieron a esta población, desde la que voy dirigiendo a esa capital la Oficialidad y tripulación prisionera, quedando yo para verificarlo a mi destino de Cartagena, si por V. E. o el Capitán General del Departamento no se me ordena otra cosa.

Nuestro Señor guarde a V. E. muchos años.

Algeciras, 31 de octubre de 1805.

Excmo. Sr. Baltasar Hidalgo de Cisneros (rubricado).

Excelentísimo Sr. D. Federico Gravina.

 

Oficiales muertos en el combate del 21 de octubre de 1805 a bordo del navío de Su Majestad el «Santísima Trinidad»:

  • Teniente de Navío D. Juan González de Sisniega, ídem D. Juan Matute, ídem D. Joaquín de Salas, Teniente de Fragata y Segundo Ayudante del General, D. Martín de Oria; Alférez de Navío, D. Juan de Medina.

Oficiales gravemente heridos:

  • El Capitán de Navío D, Ignacio de Olaeta, Segundo Comandante; el Teniente de Fragata. D. Manuel Rivera, el Guardia Marina D. Antonio Bobadilla y Eslava, el Teniente Coronel y Capitán de Granaderos de Córdoba D. José Graulle.

Oficiales levemente heridos y contusos:

  • El Jefe de Escuadra D. Baltasar Hidalgo de Cisneros, el Brigadier y Comandante, don Francisco Javier de Uriarte; el Capitán de Fragata y Tercer Comandante, D. José Sartorio; el Teniente de Navío D. Claudio Coig, el de igual clase y Primer Ayudante del General, D. Francisco Basurto; el Teniente de Fragata D. Antonio Medina, el de igual clase D. Nicolás Meñaca, el Alférez de Navío D. Luis María de Solís, el Alférez de Fragata D. Manuel Díaz y Martínez, el de igual clase D. Pedro Marsilla, el de la misma y Primer Piloto, D. Domingo de Lema, el Teniente de Burgos D. Francisco de Oña, ídem el Granadero de Córdoba D. Miguel de Soto.

Algeciras, 31 de octubre de 1805.

Baltasar Hidalgo de Cisneros (rubricado).

 

CONDUCTA DEL NAVIO «SANTÍSIMA TRINIDAD» EN EL COMBATE DE LAS ESCUADRAS COMBINADAS DE ESPAÑA Y FRANCIA CONTRA LA ARMADA INGLESA, SOBRE EL CABO TRAFALGAR, EL 21 DE OCTUBRE DE 1805 Y SUCESOS DEL MISMO NAVÍO HASTA EL 24 DEL PROPIO MES, QUE DE RESULTAS DEL MISMO SE FUE A PIQUE

Apenas se formaba la línea de combate mura a babor, viento al O. y mar gruesa, los enemigos a barlovento, dando caza a un largo o en popa a toda vela, prolongados en toda la extensión de la Armada combinada, empezó el combate como a las once y media de la mañana, por la retaguardia, rompiendo el fuego el Real Soberano, navío de tres puentes de la insignia del Vicealmirante Coligut, contra el Santa Ana, de la del Teniente General D. Ignacio Alava.

El navío Victoria, del mismo porte, de la insignia del General Jefe, el Vicealmirante Nelson, se dirigió en la misma posición que la Armada inglesa hacia el centro de la combinada, formando con el Temerario y Neptuno, de tres puentes, una línea casi paralela a la que formaban en aquella parte el Bucentauro, de 80 cañones, de la insignia del Almirante Villeneuve; por su proa el Trinidad, de la del Jefe de Escuadra D. Baltasar Cisneros, y por la de éste el Crue, navío francés, con el ánimo bizarro y el más intrépido de cortar la línea por entre el Trinidad y Bucentauro. Desde el Santa Ana fué corriendo el fuego hacia la cabeza y hacia la cola de línea, y en pocos momentos quedó empeñado un combate general; el Trinidad, con su gavia y sobremesana en facha, cerró su distancia con el Bucentauro para oponerse a aquel atrevido intento, retardando su fuego a pesar de los deseos y el ardor generales, y se mantuvo en majestuosa amenazante inacción esperando al Victoria, que se figuraba debía ser su adversario particular, el cual gobernaba con su expresada división a un rumbo diagonal a la línea combinada, de vanguardia a retaguardia, a un largo abierto por estribor, porque cerrada la distancia expresada, se dirigía a cortar por la popa del Bucentauro, y que cuando iba a cruzar por el través de barlovento del Trinidad, a un tercio muy corto de tiro de cañón rompió éste el fuego más bien dirigido e incesante y terrible, tanto que desde aquel momento empezó a experimentar el Victoria averías de la mayor consideración en su arboladura y aparejo, y a la mitad del combate, como a las dos de la tarde, ya había desarbolado del palo de mesana por su fogonadura, de sus masteleros mayores y sus vergas todas, y se hallaba sin gobierno para dirigirse a efectuar su valerosa resolución de cortar la línea.

En esta situación, en lugar de seguir su rumbo arribó de popa y orzó por babor (tal vez involuntariamente), barluándose a tiro de fusil con el Trinidad, presentándole el costado y todos sus descalabros. No es tan fácil como describir lo material de esta escena expresar hasta qué grado se reanimaban el ardor y la confianza del Trinidad con la presencia de aquel espectáculo.

En estos momentos, el Temerario, a toda vela, se interpuso entre el Victoria y el Trinidad, y con tan atrevida acción sacó a aquél del empeño y siguió a efectuar el corte de la línea, que no había podido verificar Nelson.

La cortó por la popa del Trinidad, por el claro que dejó el Bucentauro, que se adelantó en el mismo tiempo, y se barluó a tocapelones por barlovento con el Trinidad, obligándolo a suspender el fuego algunos minutos. Así pudo pasar por la popa de éste, rascándola, el Temerario a situarse por la aleta de estribor a tiro de pistola. En seguida de él y a muy corta distancia suya llegó el Neptuno y tomó la aleta de babor del Trinidad al mismo tiro de pistola o fusil, y como el Victoria iba cayendo a sotavento y quedándose por la popa, resistió el poder batir los tres navíos ingleses con la misma ventaja y al mismo tiempo al Trinidad y al Bucentauro. Entonces se mudó la fortuna. El Trinidad, todavía con sus palos, masteleros y vergas, arribó; menos la de velacho, vió desarbolar de los palos mayor y de mesana, destrozar y rendir al Bucentauro como a las tres de la tarde, casi arbolado con él, después de lo cual el fuego de los tres navíos ingleses se dirigió sólo al Trinidad, y por último, dejando por la popa desmantelados y por consiguiente sin salida al Bucentauro y Victoria, permanecieron en su ventajosa situación el Temerario y Neptuno, destrozando con un fuego incesante al Trinidad, que se mantuvo casi sin poder hacer uso del suyo en defensa desesperada hasta quedar arrasados de todos sus palos. Cubierto de destrozos de ellos, y de los de sus vergas, masteleros, jarcias y velas; habiéndose ya retirado heridos o quedando muertos cuantos tenían destinos en la toldilla, alcázar y castillo, desde el General hasta el Guardia Marina que custodiaba la bandera, quedando sólo el Comandante sobre el alcázar, hasta que cayendo herido de un astillazo en la cabeza y sin sentido fué llevado al sollado después de las cuatro de la tarde.

Entonces el General Cisneros, que también estaba gravemente, dió orden por un Ayudante al Tercer Comandante, que tenía su destino en la primera batería, de que subiese al alcázar, y que juntando allí los Oficiales que hubiesen quedado se informasen del estado del navío y resolvieran su rendición. Así se acabó con el día el combate del Trinidad, sin que hubiera cesado su fuego sino en pocos minutos una vez sola desde el principio de la acción, en la cual quedaron muertos gloriosamente los Tenientes de Navío D. Juan Sistiegas, D. Joaquín de Salas y D. Juan Matute; el Teniente de Fragata D. N. Urias, el Alférez de Navío D. Juan de Medina y un gran número de soldados y marineros de su valerosa dotación, y heridos mortalmente o de menos gravedad, entre los que se incluyen el General Cisneros y diferentes Oficiales.

Luego que cesó el fuego se reconoció que había en la bodega sesenta pulgadas de agua, y se puso toda la atención al trabajo de las bombas.

El navío Príncipe inglés, de tres puentes, marinó al Trinidad y lo tomó a remolque con grande empeño; pero no siendo posible contener el agua, sin fuerza la gente en el trabajo de las bombas, noche y día sin cesar y llegando a subir hasta quince pies en la bodega, el 24 del mismo mes, al medio día, resolvieron los ingleses dejarlo ir a pique, salvando la gente entre tres o cuatro navíos de su nación, lo que no pudo verificarse enteramente, a pesar de los muchos auxilios y la actividad que emplearon, obligando a abandonar en aquel urgente conflicto un gran número de heridos o mutilados que se sepultaron con el Trinidad al oscurecerse el día a siete u ocho leguas de distancia como al S. de Cádiz.