lunes , 11 diciembre 2017
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El barco de mármol

El barco de mármol
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Barco de mármol

En muchas ocasiones a lo largo de la historia distintos tipos de embarcaciones han obtenido la fama y se convirtieron en iconos de su tiempo; ya sea por su diseño o por una impresionante hoja su hoja de servicios.

Un claro ejemplo de un convulso periodo de la historia de Asia fue sin duda el barco de mármol. Dicha embarcación se halla en el gran lago artificial del palacio de verano, a las afueras de Pekín.

Hacer pabellones en forma de navío, es un elemento arquitectónico que se puede apreciar en distintos jardines de este país. La obra en si hace referencia al consejo que siglos antes un canciller había hecho a su soberano:

Las mismas aguas que mantienen un barco lo pueden hundir.

Con ello quería decir que si bien el pueblo mantiene al emperador, este si no es virtuoso y justo puede ser derrocado por el mismo pueblo. No obstante veremos que no siempre escucharon tal advertencia.

La construcción del barco de mármol

Aprovechando construcciones anteriores, el palacio fue erigido por la última dinastía imperial, la cual no era china sino de origen manchú. Como guerreros de las estepas, los nuevos amos de la nación encontraban el clima de la capital tan asfixiante en verano como los elabórados ritos y protocolos que exigía la corte, por lo que construyeron este complejo palaciego para descansar.

Fue uno de estos emperadores quien al remodelar el complejo ordenó la construcción de esta inusual embarcación. Realmente inusual porque si bien los castillos de la nave eran de madera, la base era de mármol. ¿Entonces cómo flotaba? La respuesta es simplemente porque debajo del buque hay una gran roca la cual lo sustenta, la metáfora vendría a ser “este barco que representa mi gran imperio jamás se hundirá”. No es la única referencia a la longevidad que se puede apreciar en este lugar.

El barco original fue destruido por las tropas de Francia y Reino Unido durante la segunda guerra del opio, junto a los palacios de estilo europeo que daba un toque “exótico” al recinto.

Pasada esta inestabilidad, ascendió un nuevo emperador el cual ambicionaba modernizar China para que estuviera a la altura de los grandes imperios europeos. Para realizar dicho proyecto envió a oficiales tanto civiles como militares a estudiar distintas disciplinas, contrató personal extranjero para la formación, adquirió buques de guerra modernos… incluso preparó un borrador para una constitución liberal.

Pero casi todos los intentos fueron truncados por su conservadora tía, la emperatriz viuda Cixi. Esta, al haber actuado como regente en más de una ocasión, había consolidado una gran esfera de poder a su alrededor y pese a que inicialmente había apoyado dichas reformas pronto le giró la espalda.

Cixi también estaba interesada en reconstruir el palacio de verano, por lo que para sufragar el elevado coste encargó desviar grandes cantidades de los fondos destinados originalmente para la modernización de la armada imperial. Esta decisión indignó a gran parte de la oficialidad y al pueblo llano, pero al ministro de marina (quien le debía el puesto a ella) lo consideró un “mal menor”. Para la realización del mastodóntico complejo se encargó a otro príncipe, famoso por su nepotismo, corrupción y cuya principal “afición” por así decirlo era vender puestos en el gobierno a un buen precio.

Durante las obras una terrible inundación afectó las zonas cercanas a la capital. Los consejeros de la corte recomendaron detener el proyecto del palacio y usar parte de los fondos para reconstruir la zona afectada y mitigar el sufrimiento del pueblo. Lamentablemente para los afectados, la idea fue inmediatamente desechada y las tareas continuaron interrumpidamente hasta su finalización en 1891, de este modo no solo quedó bien patente lo corrupta que se había vuelto la dinastía sino su indiferencia ante su propio pueblo.

Uno de los elementos que se volvieron a erigir fue el barco de mármol, cuya eslora mede 36 metros. En esta ocasión todo el complejo estaría hecho de distintos tipos de mármol, embellecidos por las figuras cinceladas por los artesanos, vidrios de colores y lujosos muebles lacados… Pero lo más curioso es que se le añadieron dos ruedas de mármol a babor y a estribor, dicho elemento simbolizaba que era un buque de vapor. Con el carácter de “longevidad” tallado en ellas era toda una declaración de que el imperio modernizado era insumergible, un adjetivo que parece ser que no trae mucha suerte a los buques que lo llevan.

Barco mármol China

Este era el lugar predilecto donde a la apodada “la gobernante tras la cortina” le gustaba darse sus banquetes y beber té mientras contemplaba la fabulosas vistas del lago. Imagínese disfrutar de un complejo de 280 hectáreas de las cuales tres cuartas son un lago donde navegaban distintas embarcaciones.

Pero durante estos manjares se sentía sola a causa del estricto protocolo de la corte; nadie podía sentarse con ella porque carecía del suficiente rango. Lejos de olvidar las posiciones sociales optó por poner un gran espejo frente a ella y así al menos verse reflejada.

Los resultados de estos excesos vieron la luz durante la primera guerra chino-japonesa, donde pese a contar sobre el papel con mayor ventaja los chinos fueron derrotados a causa de la escasez de medios; algo que pilló por sorpresa a muchos militares europeos que ajenos al desvío de recursos habían predicho la victoria china.

También puso de manifiesto el elevado despilfarro de la emperatriz, que lejos de frenarse lideró un golpe de estado contra su sobrino. Derrotado el emperador, fue puesto bajo arresto domiciliario mientras ella continuó con su política conservadora, llevando a su país a un mayor atraso y nuevas derrotas contra occidente.

Finalmente, en 1912 la revolución triunfó y la autocracia imperial terminó. El buque de mármol sobrevivió milagrosamente al convulso siglo XX y a los continuos cambios de régimen que asolaron China. Actualmente recuperó todo su esplendor tras una restauración, aunque en la cultura popular todavía es negativamente presentado como el ejemplo perfecto de la corrupción y el despilfarro.

Por Joan Comas

Joan Comas es colaborador de Todo a babor.

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