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La construcción del navío Purísima Concepción

La construcción del navío Purísima Concepción
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Construcción del navío de línea Purísima Concepción de 112 cañones
Vista del Navío de línea Purísima Concepción en 1780. Nótese que todavía no tenía el forro de cobre. Ilustración de Todo a babor.

El navío Purísima Concepción es uno de los desconocidos de nuestra Armada, a pesar de haber sido de los más grandes de su época. Sólo el Santísima Trinidad era más grande en la flota española (aunque como veremos no siempre fue así) y, junto con su hermano el San José fueron los únicos construidos bajo el sistema francés de Gautier. Damos un repaso a cómo se proyectó y construyó este coloso.

No voy a contar nada su vida operativa. Para ello ya tienen en esta misma web un artículo sobre ello.

Sistema fancés

Con la llegada de Carlos III en 1759 cambian muchas cosas en la política española y entre ellas la construcción naval. El acercamiento a Francia es tal que a la hora de reconstruir la escuadra española, bajo mínimos tras la desastrosa guerra de los Siete Años (1756-1763), se opta por recurrir a un ingeniero galo para que de un impulso a la construcción española que hasta entonces se hacía, que no era otra que el sistema inglés, que en un principio costó introducir y adoptar pero que luego dio buenos resultados.

Los franceses no eran muy proclives a mandar a ninguno de sus mejores constructores, pero terminó dando el visto bueno a que François Gautier Olibier llegara a los astilleros españoles. Eso sí, su única experiencia era el diseño del navío de 64 cañones Provence. No era como vemos de lo más experimentado y quizás por eso los franceses accedieron a dejarlo ir.

No nos extenderemos más sobre la vida y obra este ingeniero que estuvo al servicio de España desde 1765 hasta 1781.

Proyectando una idea

En 1778 se le pidió a Gautier que diseñara un navío de línea de 90 cañones en tres baterías. Hasta entonces recordemos que España sólo tenía al Trinidad como único navío de tres puentes de artillería.

Para el ingeniero francés no fue algo fácil, ya que dos meses después todavía seguía trabajando en el plano. Él mismo decía que estaba ideando un navío de 90 cañones más barato que y con más poder que los de 110 ó 120 cañones que había hasta entonces.

¿Cómo podía ser eso? ¿Menos cañones y más poderoso?

La cuestión de los cañones

Gautier explicaba que los navíos de tres puentes que había por entonces llevaban cañones de 36, 24 y 12 libras en sus respectivas baterías, además de cañones de 8 libras en el alcázar y castillo de proa.

El francés había estudiado los planos de aquellos buques (Trinidad, el francés Real Luis y el inglés Royal George), y había llegado a la conclusión de que todos tenían el centro de gravedad alto, a consecuencia, según él, de la batería de 12 libras y los cañones del alcázar y castillo.

Gautier proponía sustituir la batería de 12 libras por cañones de 18 libras y quitar todos los cañones de las cubiertas superiores.

Plano del navío Purísima Concepción antes de su reforma de 1791
Plano del navío Purísima Concepción antes de su reforma de 1791. Imagen del Museo Naval de Madrid.

Argumentaba que los cañones de 12 libras y los de 8 eran inefectivas en un combate contra otro navío. Literalmente, sus proyectiles no hacían nada a los fuertes costados de los navíos.

Así que optó por una batería de 18 que sí que hacía daño. Además, en caso de mala mar y no poder disponer de la batería principal, el navío quedaría con la fuerza de un navío de 80 cañones y no como los artillados al uso habitual que quedaban como uno de 60.

La cuestión de los pesos

El otro caballo de batalla de esta clase de navíos era su elevado peso, que Gautier se propuso aligerar en cuanto se pudo.

Pero no deseaba un navío rápido, sino estable para el mejor manejo de la artillería. Quería darle el gobierno más fino de los de su clase.

Lo que no explica Gautier es la razón de haber preferido esas cualidades a la velocidad; parece más bien que estaba anticipando el poco andar de este navío, como se puso de manifiesto más adelante.

Enrique García-Torralba. «Navíos de la Real Armada 1700-1860».

El aligeramiento de maderas que se hizo en este buque, y que posteriormente fue realizada en los demás, fue producto no de una consideración técnica sino porque simplemente había escasez de madera. Y esto se realizó, como confirmó Romero Landa posteriormente, gracias a los desvelos del ingeniero español.

Construcción de un nuevo coloso

Aprobado el plano tras las oportunas rectificaciones, se dio orden al Ingeniero Comandante de Ferrol, el mencionado Romero Fernández de Landa (futuro ingeniero de los afamados navíos de 112 cañones de la clase Santa Ana), para que pusiera la quilla de este nuevo navío de 90 cañones.

Esto se realizó el 29 de febrero de 1779, siendo considerada su construcción preferente a otras. Lo que quería decir que todos los maestros constructores disponibles debían ponerse manos a la obra con este buque.

Y se notó tal premura, porque el 24 de diciembre de aquel mismo año ya lo estaban botando. Desde el 20 de marzo ya tenía oficializado su nombre: Purísima Concepción.

Toldilla del navío Purísima Concepción
Toldilla del navío Purísima Concepción. Imagen del Museo Naval de Madrid.

Alcázar y castillo de proa del navío Purísima Concepción
Alcázar y castillo de proa del navío Purísima Concepción. Imagen del Museo Naval de Madrid.

Y aquí tenemos al mayor buque de línea que tuvo la Armada por aquellos años. Y no, no me he equivocado. El Santísima Trinidad por aquel entonces tenía 206 pies de eslora y 55 de manga. El Purísima Concepción salió con 213 pies de eslora y 57 de manga.

No fue hasta la reforma de 1796 que se le hizo al Trinidad cuando se convirtió este en el navío más grande, ya con 220 pies de eslora y 58 de manga. Y aún así, en contra de lo que se piensa, no era el más grande del mundo, ya que los navíos franceses de 118 cañones eran ligeramente superiores. Pero esa es otra historia.

Como vemos, la eslora del Concepción era bastante más larga que lo que había por entonces al igual que la manga, con lo que se buscaba esa estabilidad que promulgaba Gautier.

Sin embargo, la altura de los entrepuentes era inferior a las del Trinidad. Tenían a un navío enorme con la altura de las cubiertas inferiores a otros tres puentes, con la esperanza de bajar así el centro de gravedad.

Tercera cubierta de artillería del navío Purísima Concepción
Tercera cubierta de artillería del navío Purísima Concepción. Imagen del Museo Naval de Madrid.
Segunda cubierta de artillería del navío Purísima Concepción
Segunda cubierta de artillería del navío Purísima Concepción. Imagen del Museo Naval de Madrid.
Primera cubierta de artillería del navío Purísima Concepción
Primera cubierta de artillería del navío Purísima Concepción. Imagen del Museo Naval de Madrid.

Artillería del Purísima Concepción

Como ya hemos visto anteriormente, el Concepción iba a ser un buque de línea de 90 cañones distribuidos en tres cubiertas con los calibres de 36, 24 y 18 libras. En realidad eran 94 cañones, puesto que eran 15 portas en la primera batería y 16 en las dos restantes.

Pero salvo en su entrada en servicio más inmediata, nuestro navío llevó la clásica disposición artillera de su categoría: cañones de 36, 24 y 12 libras, además de los cañones de a 8 libras del alcázar y castillo.

No fue hasta 1795, y por insistencia de Mazarredo (comandante en jefe por entonces de la Escuadra del Mediterráneo), cuando se puso la batería de 18 libras en sustitución de la de 12.

Una novedad en el Concepción, y su gemelo San José, fue añadirle una nueva porta en la primera batería, pasando así a las 16 por banda durante la reforma que se hizo en 1791.

En ese año el Ingeniero Director de La Carraca don Tomás Muñoz, hizo ver que en algunos navíos de tres puentes, como el Concepción, la artillería de su primera batería estaba colocada sólo en las partes rectas de los costados, dejando sin defensa artillera la parte del costado que se curvaba hacia la proa.


Enrique García-Torralba. «Navíos de la Real Armada 1700-1860».

Sin embargo, no se aumentó el número de piezas en la primera batería, para no aumentar tampoco el nivel de flotación con más peso, sino que aquella porta más a proa sería utilizada por la última pieza proel de cada banda, si fuera necesario. Como podemos ver en el plano que levantaron los británicos en el San José cuando fue capturado, también le hicieron otra porta en la primera batería.

En el plano de la reforma de 1791 que reproducimos a continuación, vemos la nueva porta, además se aumentó en una porta adicional en el alcázar y castillo, aunque tampoco se puso un cañón más sino que, al igual que en la primera batería, se aprovecharía el cañón adyacente para ambas portas.

Como vemos, al final no se quitó la artillería del alcázar y castillo como se previó en el plano original.

Plano del navío Purísima Concepción después de su reforma de 1791
Plano del navío Purísima Concepción después de su reforma de 1791. Imagen del Museo Naval de Madrid.

Y este armamento fue el que llevó en 1803:

  • 30 cañones de 36 libras en la primera batería.
  • 32 cañones de 24 libras en la segunda batería.
  • 32 cañones de 18 libras en la tercera batería.
  • 4 obuses de 8 libras y 6 obuses de 48 libras en el alcázar.
  • 2 obuses de 48 libras en el castillo.
  • 6 obuses de 24 libras en la toldilla.

Lo que hacía un total de 116 piezas de artillería. Una monstruosidad que suscitó fuertes críticas por entonces.

El teniente general Ignacio María de Álava calificó la medida de artillar a los buques con toda la artillería que se pudiera como «el mayor disparate que pudo caber en humana cabeza«.

El veterano marino español opinaba que si los enemigos (los británicos) habían adoptado el calibre de a 32 libras, en contra del de 42, los españoles debían hacer algo parecido.

Es verdad que nuestros navíos habían estado portando en sus primeras baterías los de 24 libras (que equivalía a un 28 libras inglés) y sólo los navíos de tres puentes habían llevado la primera batería de a 36 libras. Pero en aquella reforma de 1803 todos los navíos de 2º y 3º orden debían llevarlos también.

Es decir, que los buques de 80 y 74 cañones tenían que llevar la primera batería con cañones de 36 libras, algo que perjudicó mucho el uso de aquellos pesados cañones en combate, por no hablar de la estructura de muchos buques que no estaban pensados para aquella artillería y que aumentaba, además, el número de sirvientes y todo lo que esto conllevaba (más consumos diarios, pagas e incomodidad).

Cañones guardatimones

El Trinidad y el Concepción llevaban cuatro portas guardatimones. Estos cañones a popa no entraban en el cómputo total del buque porque no eran cañones fijos, sino que se situaban allí cuando era necesario y correspondían a los últimos cañones popeles de la primera batería.

Sin embargo, tener cuatro portas significaba más incomodidad que utilidad. Ya que, según informes de sus mandos, el único cañón que podía manejarse con seguridad era el interior de estribor, porque el de babor estaba encima de la escotilla del pañol de jarcia y los otros dos, de los exteriores de ambas bandas, tenían la curvatura propia del buque que obstaculizaba el servicio.

Recomendaban que esas cuatro portas fueran sustituidas por dos, situadas en medio y abriendo otra porta más pequeña y alta hacia afuera tal y como tenía el navío San Eugenio, lo que proporcionaba luz y ventilación.

Navegación del navío Purísima Concepción

Las cualidades náuticas del Concepción (y su hermano) fueron buenas, excepto en lo relativo al andar.

En el informe de 1780, nada más construirse, su comandante Antonio Ossorio realizó el preceptivo informe, en el cual sacaba las siguientes conclusiones:

Su gobierno es tan fino como el de una buena fragata. Y su facilidad de virada por avante y por redondo, que completaba en dos minutos con viento fresquito, un tiempo notable para un navío de ese tamaño. En cuanto al andar era igual al de los navíos regulares de la escuadra, no obstante que le faltan a las gavias dos codos de caída.


Enrique García-Torralba. «Navíos de la Real Armada 1700-1860».

En un segundo informe realizado en 1781 por Miguel José Gastón, se indica que el navío Purísima Concepción tenía un gobierno excelente en toda clase de tiempos y posiciones, siendo sus balances suaves, no siendo tanto las cabezadas.

Navío de línea Purísima Concepción
Navío de línea Purísima Concepción. Detrás de este se encuentra el navío Santísima Trinidad. Durante un tiempo fue el Concepción el buque más grande de la Armada española. Pintura de Carlos Parrilla.

Su punto flaco, como hemos dicho, era el andar, ya que debido a la cortedad de sus palos con respecto al Santísima Trinidad, le dejaba una velocidad muy discreta en todas las posiciones, siendo su mayor andar las 8 o 9 millas con viento en popa (lo que no era lo habitual en este tipo de embarcaciones).

Hay que tener en cuenta que, en aquella época, se estaban empezando a introducir los forros de cobre en los navíos españoles y el Concepción, en aquellas pruebas no lo llevaba todavía.

Como todos sus comandantes se quejaban de la poca altura de su arboladura se le guindaron nuevos palos.

En el San José, que había tenido los mismos problemas de arboladura, se informó tras su reforma en este aspecto:

Su andar es totalmente igual al del navío Purísima Concepción, en tales términos que si por algún accidente se retrasaba uno de los dos, es suficiente la más pequeña vela para estrechar distancias.


Pruebas de ambos buques efectuadas en septiembre de 1784. Enrique García-Torralba. «Navíos de la Real Armada 1700-1860».

Y se debió de notar una mejoría en el andar, ya que un día llegó a apresar a un buque mucho más pequeño y ágil que él, como ya vimos en su día.

Además, y a diferencia de otros buques proyectados por el sistema Gautier, tenía buen aguante. Lo que quería decir que podía conservar la primera batería aún con vientos y mar contrarios.

Mazarredo dijo de este navío en 1782 que, en su concepto, era el mejor navío de su porte en toda Europa.


Fuente:

  • «Navíos de la Real Armada 1700-1860″. Enrique García-Torralba Pérez. Extenso y documentadísimo tratado sobre la construcción de los navíos de línea españoles de aquel periodo y que recomendamos desde Todo a babor.
  • También, del mismo autor, «La artillería naval española en el siglo XVIII».

Por Todo a babor

Me llamo Juan y soy el creador y administrador de Todo a babor. Llevo desde 2003 dando a conocer la historia naval, de una forma divulgativa, sin pretensiones de ningún tipo y tratando de hacerlo de la manera más amena posible.

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