El recientemente
nombrado Comodoro Horace Nelson regresaba
de las bases napolitanas para reunirse
con la escuadra de Jervis en las costas
portuguesas (donde se libró pocas
semanas después la batalla
de San Vicente), portando
su insignia en la fragata de 40 cañones
"Minerve", en compañía
de la "Blanche" de 32 cañones.
A las 11 de la mañana del 19
de diciembre de 1796, no muy lejos de
Cartagena, se divisaron dos fragatas
españolas. Una era la "Sabina"
de 40 cañones mandada por don
Jacobo Stuart, y la otra era la "Matilde",
de 34 cañones y mandada por Miguel
María Gastón de Iriarte.
En el porte de los cañones hay
que hacer un breve comentario. Se da
por supuesto que las fragatas británicas
de 40 cañones armaban cañones
de a 18 libras de calibre, pero según
Fernández Duro la "Minerve"
portaba 42 cañones de a 24 libras
y de 12, mientras que la mayoría
de las fuentes consultadas (inglesas
y otras españoles) dan a la "Minerve"
cañones de 18 libras. En lo que
si se coincide es que los británicos
portaban, además, seis u ocho
carronadas de 32 libras, que eran cañones
de corto alcance y tiro impreciso, pero
mortales en las distancias cortas.
La
"Sabina" de 40 cañones,
en teoría según las Ordenanzas,
debería portar también
cañones de 18 libras, pero según
el historiador Agustín Ramón
Rodríguez González la
fragata española sólo
llevaba cañones de 12 libras,
lo que le daría una buena ventaja
a su adversario. Aunque por la duración
del combate, algo más de tres
horas, me inclino a pensar que las dos
fragatas contaban con el mismo calibre,
ya que de lo contrario el combate hubiera
durado menos.
El caso es que las fragatas británicas
buscaron al adversario de su clase por
separado. Así la "Minerve"
atacó a la "Sabina",
y la "Blanche" se fue a por
la "Matilde". Estas últimas
se enzarzaron en una persecución
(la británica detrás de
la española) y se separaron.
Al cabo de tres horas, la "Sabina",
con el palo de mesana rendido y los
otros dos muy tocados, con dos muertos
y 48 heridos (entre ellos dos oficiales)
se rindió. En la cifra de bajas
españolas Nelson se sobrepasó
bastante en su parte de la batalla,
según C. Fernández Duro "Nelson subió la cifra
en su despacho a 164 bajas. También
los grandes hombres tienen debilidades".
Se refiere sin duda al "abultamiento"
de las cifras de bajas en los partes
que se daban sobre los muertos y heridos
del enemigo, por otra parte costumbre
en la época. El historiador William James tampoco se fia mucho del propio Nelson y cita a la Gaceta de Gartagena dando 10 muertos y 45 heridos a los españoles, seguramente aumentaron el número bajas mortales respecto al dato oficial, por la muerte de algunos de los heridos más graves. Además el Comodoro británico no podía saber exáctamente que número de bajas había ocasionado al enemigo porque no pudo capturar la fragata de manera definitiva para comprobarlo, por lo tanto su estimación no era muy real. Las dos fragatas llevaban casualmente el mismo número de tripulantes, 286 hombres.
Los ingleses perdieron 7 hombres (un guardamarina y 6 marineros); además de un teniente y 33 marineros y soldados heridos, entre ellos un contramaestre. Pueden parecer pocas bajas
mortales, pero en las batallas navales
solían morir muchos más
hombres de los contabilizados como heridos
poco tiempo después, a causa
principalmente de infecciones, que de
la propia batalla en sí. Llama
la atención que hubiera más
muertos británicos que españoles.
Esto fue porque la fragata británica
disparó principalmente a la arboladura
y los españoles al casco, todo
lo contrario a la táctica que
se adjudica en este periódo a
las diferentes marinas de guerra.
Nelson se sorprendió de que el
capitán español no sólo
que este tuviera orígenes británicos,
sino que los ancestros de don Jacobo
Stuart pertenecían a la familia
escocesa de los Estuardo, que habían
sido antiguos reyes de Inglaterra. En
efecto, don Jacobo pertenecía
a la casa de los duques de Berwick,
que posteriormente se convertirían
en los duques de Alba, por extinción
de esta familia. Jacobo, herido, fue
alojado en la "Minerve" donde
le atendieron prontamente de sus heridas.
Posteriormente, Nelson escribió una carta a su padre, desde la Isla de Elba, con fecha del 13 de enero de 1797 comentándole estos acontecimientos:
"Cuando me puse al habla
con el Don (Jacobo) diciéndole:
'Esta es una fragata inglesa' y exigiéndole
la rendición o que, de lo contrario,
le haría fuego, su contestación
fue noble y digna de la ilustre familia
a que pertenece: 'Esta es una fragata
española, y puede empezar tan
pronto como guste'. No me puedo figurar
batalla más apretada ni violenta:
las fuerzas idénticas en artillería,
y casi el mismo número de hombres,
teniendo nosotros dosciento cincuenta.
Varias veces, durante la acción,
le pedí que se rindiera, pero
su contestación fue: 'No, señor;
mientras tenga medios de luchar'. Cuando
ya no le quedaba ningun oficial con
vida, me llamó, diciendo que
no podía luchar más y
rogándome que cesara el fuego.
La fragata siguiente era la Ceres, de
cuarenta cañones, y no quiso
luchar mucho. No hay palo, verga, vela
ni cabo que no esté deshecho.
Los palos mayor y de mesana con la verga
mayor son nuevos, como cada jarcia y
cable en el barco, el palo de trinquete
y su verga reforzados. A mi llegada
aquí era noche de baile, y como
asistían los Capitanes, me recibió
el General en debida forma, y la música
tocó determinada marcha: luego
vino Rule Britannia. Nelson".
(Tomo II de Nelson's Correspondence,
Volumen III)
En esta carta Nelson confunde a la Ceres
con la "Matilde", que andaba
perseguida en ese momento por la británica
"Blanche". Pero no hay duda
de que este combate, con fuerzas parejas
y nobles comportamientos, era de los
que le gustaban al Sir.
En la rendida "Sabina" tomaron
posesión el Teniente Hardy (futuro
capitán del "Victory"
en Trafalgar) y el Teniente Culverhouse,
junto con 40 marineros y soldados que
intentarían marinar la presa
hasta Gibraltar.
Poco tiempo les duraría esta
presa. A las 4 y media de la tarde
apareció la "Matilde",
que siendo más veloz, había
conseguido zafarse de la "Blanche".
Aquí se ve que los españoles tampoco debían ser tan mediocres en la destreza de sus tripulantes en navegación, como nos lo han querido vender muchas veces los de siempre, al aguantar y vencer a una de las magnificas fragatas británicas en una carrera. Gastón, su comandante, se dirigió
directo a la "Minerve" para
represar a su compañera. Miguel
Gastón sería posteriormente
el capitán del "San Justo"
en la batalla de Trafalgar, cuya oportuna
intervención ayudó al
"Príncipe de Asturias"
en su comprometida situación
en dicha batalla.
Nelson ordenó cortar los cables
que remolcaban a la "Sabina"
y se dispuso a combatir. En esta ocasión
aunque Nelson disponía de menos
hombres y una tripulación muy
cansada, contaba con la enorme ventaja
de sus cañones de 18 libras contra
los de 12 libras de los españoles.
Lo que suponía más del
30% de superior potencia de fuego en
cada andanada, a favor de los británicos.
La "Matilde", al ser una fragata
de menor rango llevaba también
una tripulación más reducida
que la "Minerve", aun sin
los 40 hombres que le faltaban a estos
últimos. Gastón demostró
gran valor al echarse con ese arrojo
a un openente que era superior, cuando
todavía no sabía nada
de los refuerzos que iban a llegar.
Llevaban media hora de combate y 10
heridos en la "Matilde", ya en una situación muy comprometida, cuando
en el horizonte se divisaron varias
velas españolas, buques que habían
salido de Cartagena alertados por los
cañonazos. Eran las fragatas
"Ceres" de 40 cañones
y "Perla", de 34. Más
atrasado les seguía el poderoso
"Príncipe de Asturias",
de 112 cañones, dispuesto a terminar
la fiesta.
La "Blanche" consiguió
reunirse con Nelson, pero eran dos fragatas
(una de ellas ya tocada) contra tres,
y que en caso de prolongarse el combate
o perder algún palo, quedarían
muy retrasados y se les echaría
encima el navío de línea,
y ahí si que no había
nada que hacer contra un tres puentes
de una potencia de cañones de
36 y 24 libras. Nelson ni se lo pensó.
Largaron todas las velas y se batieron
en retirada. La tripulación de
presa de la "Sabina" intentó
estorbar el paso de las fragatas españolas
para dar más tiempo a sus compañeros
pero finalmente fueron represados, quedando
los británicos prisioneros. Nelson
sabía que aunque dejaba a sus
hombres prisioneros a estos se les daría
un buen trato, tal y como sucedería
al contrario.
Las dos fragatas británicas huyeron
siendo perseguidas por las dos españolas
durante todo el día, (la "Matilde"
se les uniría más tarde),
disparando con los cañones de
caza (estos cañones de mira eran
el cañón de cada costado
más próximo a proa del
castillo, y que en las persecuciones
eran colocados en la proa y que disparaban
principalmente a la arboladura del buque
enemigo, con el fin de retrasar su marcha),
y ocasionando nuevos daños en la "Minerve" y 10 nuevas bajas en las
tripulaciones británicas. Pero
al final lograron escapar y se regresó
a Cartagena con la represada "Sabina",
aunque sin el valiente Jacobo Stuart,
que había permanecido trasbordado
en la Minerve.
Aunque la "Sabina" había
recibido grandes daños pudo ser
reparada por completo, estando posteriormente
en servicio bastantes años en
la Real Armada. En 1823 y llamada por
entonces "Constitución"
y con 40 años de fatigas en las
cuadernas, se encontraba al mando de
Angel Laborde, navegando con otra de
las fragatas del combate de 1796, la
"Ceres", y lograron derrotar
a una escuadrilla mandada por el Comodoro
Danells, que se encontraba al servicio
de los insurgentes americanos. En dicho
combate apresaron dos corbetas y pusieron
en fuga al resto: un bergantín,
cuatro goletas y dos transportes.
Tras el combate Nelson se puso en contácto
con los españoles para el intercambio
de prisioneros, mediante varias cartas
a don Miguel Gastón de Iriarte,
comandante de la fragata española
"Matilde", y fechada el 24
de diciembre de 1796 en alta mar, a
bordo de la "Minerve":
"Señor: La fortuna
de la guerra me dio posesión
de la Sabina después de una defensa
de las más bizarras: la misma
señora, tan voluble, os devolvió
el buque con algunos de mis oficiales
y hombres a bordo. He procurado hacer
lo más llevadera posible la cautividad
de su valiente comandante, don Jacobo
Stuart, y confío en la generosidad
de vuestra nación para que de
trato recíproco a los oficiales
y hombres ingleses. Consiento, señor,
en que sea cambiado don Jacobo y en
que quede en plena libertad de servir
a su Rey cuando sean entregados los
Tenientes Culverhouse y Hardy a la guarnición
de Gibraltar, con los otros que acuerde
el Cartel establecido entre Gibraltar
y San Roque para el intercambio de prisioneros.
También se me cogió un
criado en la Sabina: se llama Israel
Coulson: no dudo de que V. E. dará
órdenes para que inmediatamente
me sea devuelto, por lo que me consideraré
su deudor. También confío
en que se mandarán a Gibraltar
a los hombres que actualmente tenga
prisioneros de guerra. Es propio de
grandes naciones tratarse mútuamente
con generosidad en alivio de los horrores
de la guerra. Nelson".
(Tomo II de Nelson's Correspondence,
Volumen III)

En el intercambio de prisioneros, Nelson, al que siempre conmovió los actos valientes, aunque estos vinieran del enemigo, le devolvió la espada a don Jacobo Stuart y lo envió a Cartagena. Para salir al paso de alguna posible reprimenda de sus superiores por esto Nelson dijo: "Esto está en consonancia con la dignidad de mi país, y yo hago siempre lo que creo justo sin pararme en rutinas; tenía reputación de ser el mejor oficial de España, y sus hombres eran merecedores de tal comandante ". Sin duda elogiando ya no sólo la figura del bravo capitán español sino del buen comportamiento de sus hombres en el combate. En la siguiente carta que envía a Gastón, superior de Stuart, hace incapié en esto:
"No puedo permitir que Don Jacobo vuelva a su lado sin expresarle mi admiración por su valeroso comportamiento. A usted, que ha visto el estado de su nave, no es necesario demostrarle la imposibilidad en que se halló de prolongar la defensa. Yo he perdido en la refriega muchos hombres valientes, pero en nuestros mástiles fui el más afortunado, de no haber sido así, es problable que hubiera tenido el gusto de conocerle a usted. Pero Dios ha dispuesto las cosas de otro modo, por lo que estoy agradecido".
Desde luego pocas veces se habrá
hecho gala de tanta caballerosidad en
las luchas navales.
El 29 de enero 1797 Hardy y Culverhouse
fueron llevados a Gibraltar a bordo
del navío español "Terrible",
como parte del intercambio de prisioneros.
Poco después, cuando la "Minerve"
partía de Gibraltar el 11 de
febrero, fue perseguida por algunos
buques españoles que salieron
a su encuentro. Al poco tiempo de salir
de Gibraltar, un marinero de la "Minerve"
se cayó al agua por accidente.
El teniente Hardy saltó para
intentar rescatarlo, pero las corrientes
eran bastante fuertes y se encontró
entonces muy retrasado de la fragata
y en peligro de ser capturado otra vez
por el navío "Terrible"
que se acercaba. Nelson, dijo: "Por
Dios, que no perderé otra vez
a Hardy", ordenó recojer
velas y maniobrar para ir hacia atrás
en busca de los dos hombres. Del infeliz
marinero no se encontró ni rastro,
logrando rescatar sólo a Hardy.
Ya con el teniente a bordo, Nelson ordenó
salir a toda vela en vista de que el
"Terrible" se acercaba cada
vez más. La "Minerve",
más rápida que el navío
de línea español, estuvo
pronto fuera del alcance de la nave
española y al anochecer estaban
ya lo suficientemente lejos para no
temer nada.
Nelson semanas más tarde combatió
arriesgadamente y de manera triunfal
en el cabo de San Vicente. Pero los
tropiezos con los españoles del
valiente marino inglés no terminó
en este episodio, en julio de 1797 fracasó
estrepitosamente en el intento de invasión de
Tenerife, donde, a parte
de muchos hombres, perdió el
brazo derecho. Anteriormente en el bloqueo
de Cádiz magnificamente defendidos
por las lanchas y cañoneras españolas
que causaron gran estorbo a la flota
británica y ayudaron a romper
el bloqueo en varias ocasiones, estuvo
a punto de perder la vida en un abordaje
de su bote con una cañonera española,
aquí hay que reconocerle a Nelson
su valor, ya que siendo un oficial de
alta graduación combatió
en un pequeño bote como si fuera
un Teniente cualquiera.
Nelson logró huir de un enemigo
poderoso con relativas pocas pérdidas.
Perdió más hombres en
combate que los españoles y dejó
a otros más prisioneros, pero
no tenía muchas más opciones
a la retirada. No podía quedarse
a luchar contra tres fragatas y exponerse
al demoledor ataque de un navío
de línea con sólo dos
buques. En contra de lo que suele narrar
en las novelas del género o las
películas, no era nada fácil
rendir un barco, y mucho menos unos
cuantos. Arriesgarse a combatir sabiendo
que no tenía opciones lo único
que podía ocasionar era la pérdida
de más hombres, incluso de la
del propio Nelson. De todas maneras
esta fue la única ocasión
que Nelson tuvo que retirarse de un
combate naval abandonando a sus hombres
y una presa.
Los británicos cuando mencionan
este incidente pasan casi por alto que
Nelson huyera. El marino británico
se comportó de forma notable
y tuvo una gran actuación, pero
las cosas hay que llamarlas por su nombre
y cuando un oponente se retira ante
otro, por muchas buenas excusas que
se tengan y se comprendan, se le llama
huída, y esto jamás lo
dirán las fuentes anglosajonas.
Les gusta recordar a Nelson como el
hombre que nunca perdió una batalla,
y así se encargan de hacerlo
saber a todo el mundo, pero lo cierto
es (la historia no miente), que perdió
en Tenerife y perdió en este
combate con las fragatas españolas,
por mucho que lo quieran disfrazar con
otros calificativos.
Si bien en este caso que nos ocupa fue
una derrota muy honrosa para el marino
inglés. Como bien dice Agustín
Ramón Rodríguez González:
"Ya hubieran querido para sí otros de sus enemigos de entonces, fueran franceses, holandeses o daneses, poder decir en cualquier situación que habían visto la popa del buque de Nelson. Y, desde luego, si aquella modesta victoria la hubieran obtenido buques de cualquiera de esas naciones, no hubiera permanecido virtualmente desconocida hasta la fecha".