La Batalla de Trafalgar. Epílogo y Anexos.

Los días posteriores a la Batalla de Trafalgar

(Parte de este artículo corresponde a la traducción de un extracto de "Historia Naval de Gran Bretaña" de William James).

Tras la batalla los barcos capturados vagaban en un mar que se revolvía peligrosamente. Cuando el Algésiras se separó del Tonnant, debido a la imposibilidad de este de remolcarlo con tal adversidad metereológica, la situación del Teniente Bennett, el oficial británico que formaba parte de la tripulación de presa británica y su pequeño destacamento, estaba en una situación en extremo crítica. El navío había perdido todos sus mástiles y su casco había sido muy castigado por los disparos. Pero, hasta ahora por suerte, ningun agujero estaba por debajo de la línea de flotación. De sus anclas sólo dos permanecían en su sitio: una de estas fue destrozada en su caña, y la otra desapareció debido a un cañonazo. A bordo del Algésiras en ese momento, incluyendo 40 o 50 heridos, había un total de aproximadamente 600 franceses controlados por 50 británicos. Los prisioneros fueron recluídos en las cubiertas inferiores y las rejillas fueron aseguradas. Entonces, los británicos se dieron cuenta que era imposible tener hombres vigilando las escotillas, otros maniobrando el buque e intentar gobernarlo. Tampoco había ninguna posibilidad de ponerse a remolque de algún otro navío británico, ya que los pocos que estaban cerca tenían el mismo aspecto de penuria que el barco capturado en el que íban.

En este estado pasaron la ventosa noche del 21; y la mañana del 22 el Algésiras se encontraba ya muy separado de la flota británica, e iba a la deriva hacia la rocosa orilla, al norte de Cabo Trafalgar. Sobre la tarde de aquel día, a sólo tres millas del punto donde el Fougueux se estrellaba a pedazos, el Teniente Bennett ordenó abrir las escotillas, y permitir a la tripulación francesa tener la oportunidad de salvar las vidas de las 650 almas de cuya existencia estaban ahora en juego. La tripulación francesa se precipitó sobre la cubierta, y después de echar a un lado al Teniente Bennett y su destacamento, se comenzó a improvisar un aparejo de emergencia. Con la ayuda de este aparejo, el Algésiras viró hacia el norte, y con rumbo a la ciudad de Cádiz, que se divisaba a lo lejos. El barco, sin embargo, todavía continuaba en un estado inmanejable, debido a la fuerza del viento.

Rescate de la tripulación del Redoutable

  • Las lanchas del HMS Swift Sure rescatan a la tripulación del Redoutable. Una maniobra que se repitió bastantes veces en el transcurso de los días en los diferentes navíos. Pintura del Musée national de la marine de Paris.

Pero al final el Algésiras alcanzó Cádiz; y permitieron al Teniente Bennett y a sus 49 compañeros volver con sus compatriotas en una de las dos fragatas francesas que, con el permiso del Vicealmirante Collingwood, transportaron al gobernador de Andalucía, Marqués de Solano, que con una bandera de tregua fue a recibir sobre las condiciones habituales, los españoles heridos encontrados a bordo de los barcos capturados. A cambio de esta cortesía, el gobernador español ofreció el empleo de los hospitales de Cádiz para los británicos heridos, y prometió por el honor de España que serían asistidos como si de españoles se tratase.

El Bucentaure, otro casco desarbolado, teniendo a bordo al Teniente Richard Spear y un destacamento de hombres del Conqueror, quienes ante la severidad del viento fuerte, hicieron una vana tentativa para tomarla a remolque, fueron a la deriva hacia la orilla, y obligatoriamente anclaron cerca del castillo de San Sebastián. Al día siguiente, el 22, el Bucentaure naufragó cerca de Puerques; pero su tripulación, o la mayor parte, fue salvada, incluyendo a los Británicos. Estos fueron salvados de la ruina por los botes de una de las fragatas francesas; y al contrario de lo que publicó el periódico "Crónica de Gibraltar", del 9 de noviembre de ese año, y que contiene un largo párrafo contando el abuso " de los cobardes franceses de la tripulación infame y cobarde de la fragata", por el presunto maltrato a los británicos salvados del Bucentaure, estos, según su propio reconocimiento, fueron tratados con humanidad y bondad. Lamentablemente, los biógrafos de la Vida de Nelson, con una prisa imprudente y poco informados, habían copiado en sus páginas esta horrorosa falsedad y tuvieron que transcurrir muchos años hasta que salió a la luz la verdad.

El viento del noroeste, que sopló la mañana del 23, fue el acicate para dejar su anclaje en la bahía o la entrada del puerto externo de Cádiz, del Capitán Cosmao-Kerjulien, el oficial de mayor antiguedad en el puerto, de varios navíos aliados para intentar represar más navíos capturados, con el Pluton en un estado no muy halagueño pero que podría soportar la nueva travesía, además del Indomptable, el Neptune, Rayo, y San Francisco de Asis, las cinco fragatas, y los dos bergantines, pudieron salir de nuevo. Es dudoso que los navíos estuvieran en condiciones para tal tarea, al igual que el Heros y Montañés que no pudieron salir tampoco, y también el Principe de Asturias y el San Leandro que habían tenido que desarbolar sus maltrechos palos, después del anclaje en la noche del 21, para evitar que se cayesen en cubierta, aunque en el caso del tres puentes no se pudo evitar esto. Tampoco el General Gravina, como el Vicealmirante Collingwood había supuesto, pudo mandar la escuadrilla de rescate, ya que sufría los dolores de una herida mortal y se encontraba medio inconsciente.

Rápidamente se hicieron a la mar los cinco navíos de línea, cinco fragatas y dos bergantines mencionados, pero el viento había cambiado al sudoeste desde el oeste, y soplaba con una violencia extrema, levantando tales olas, que la mayor parte de las capturas británicas rompieron sus cables de remolque, y se encontraban a la deriva. Ante la escuadrilla franco española que hacía su presencia al mediodía, los británicos formaron una línea de batalla a las 3 de la tarde con 10 navíos, entre ellos algunos barcos capturados. Las probabilidades estaban esta vez a favor de los aliados, que contaban además con el barlovento; pero sus fragatas pronto efectuaron el objetivo principal de la misión: represaron al Santa Ana, cuya tripulación se había rebelado al ver que la escuadrilla se acercaba, y el Neptuno (el español), aunque sólo el Santa Ana llegaría a puerto ya que el Neptuno terminaría naufragando, aunque la tripulación fue salvada. El recobro de las dos capturas españolas no fue, sin embargo, cosa fácil. Sobre el 24 el navío francés de 80 cañones Indomptable naufragó cerca de la ciudad de Lista, situado sobre el punto noroeste de la bahía de Cádiz. Lamentablemente el Indomptable tenía a bordo, además de su propia tripulación, los supervivientes de la tripulación del Bucentaure, que ascendian a casi 500 hombres; y que hacían un total de 1.100 o 1.200 almas, de quien no más de 100 fueron salvados. El San Francisco de Asis cortó sus cables, y se precipitó hacia la orilla en la bahía de Cádiz, cerca de la Fortaleza Santa Catalina. Su tripulación, excepto una veintena de hombres, fue salvada. El Rayo de 100 cañones, un tres puentes de la escuadrilla de Cosmao, incapaz de entrar en la bahía de Cádiz, quedó varado cerca de San Lucar, una ciudad en la boca del río Guadalquivir, al noroeste de Lista. Allí el Rayo pronto perdió sus mástiles, que antes habían sido tocados por los disparos.

Tripulación naufragada del navío Neptuno

  • Parte de la tripulación del naufragio del navío español Neptuno refugiada en las rocas del Castillo de Santa Catalina. Pintura de Francisco Sans. Palacio del Senado. Aunque este navío fue capturado por los ingleses pudo ser represado, aunque las duras condiciones metereológicas, unido al mal estado del buque hizo que naufragara. La mayor parte de la tripulación al menos pudo salvarse.

El Leviathan, con permiso obtenido del comandante en jefe, se destacó para intentar recobrar los barcos capturados que andaban todavía a la deriva. Sobre el 24, al amanecer, pasando cerca del Monarca, el Leviathan descubrió al Rayo, con las banderas españolas ondeando, todavía varado en los bajíos de San Lucar y con los palos estorbando sus baterías. En ese momento el navío de 74 cañones Donegal, bajo el mando del Capitán Pulteney, que había salido de Gibraltar, pasaba cerca del sur, con una brisa moderada del noroeste por el norte, y se dirigía directo hacia el tres puentes español. Aproximadamente a las 10 de la mañana el Monarca estaba a poco más de una milla del Rayo, quien se encontraba a una distancia igual del Donegal y el Leviathan, éste último disparó tiros de advertencia al Monarca, para obligarle echar el ancla. El disparo cayó a medio camino entre el Monarca y el Rayo, y éste, creyendo probablemente que los disparos eran con el y sin ninguna posibilidad de responder al fuego dado su inerte posición, arrió la bandera, y fue tomado en posesión por el Donegal; quien ancló junto a él y transbordó a la tripulación. Mientras tanto el Leviathan siguió hacia el Monarca, y nada más abordarlo, encontró que estaba en tan mal estado que se estaba prácticamente hundiendo. El capitán Bayntun, tan rápidamente como le fue posible, salvó a todos los británicos que íban a bordo y a los españoles. Tras salvar a la tripulación se cortaron los cables de remolque y el Monarca se precipitó a la orilla. Un destino similar, un día o dos después, asistió al Rayo; y de los 107 británicos que se encontraban a bordo procedentes del Donegal, y que trataban de gobernarlo, 25 se ahogaron. El resto fueron hechos prisioneros por los españoles cuando se estrelló en la orilla.

La suposición por parte de los británicos que la escuadrilla hispano francesa, que había salido de Cádiz el 22, consistía en 10 navíos de línea, en vez de cinco como eran en realidad, fue la razón de que los navíos británicos soltaran sus capturas y las dejaran a la deriva para poder formar una línea de batalla. Al menos esta es la versión británica, es decir, unos marinos que se presuponían tan avezados habían confundido a las fragatas francesas con navíos. Algo realmente poco creíble. Es posible que Collingwood creyese innecesario hacer frente a los franco-españoles por intentar salvar unos pocos barcos apresados en mal estado y arriesgar en ello alguno de sus buques y estropear su actuación en la batalla, por ello sería mejor indicar al Almirantazgo británico que eran 10, y no 5, los navíos enemigos que se aproximaban, para que no le culparan de huir ante fuerzas menores. El Vicealmirante Collingwood se decidió entonces a destruir los barcos capturados que estubieran en mal estado, y así evitar su posible represa.

En consecuencia el Santisima Trinidad fue desalojado, ya que se hundía irremediablemente, aunque los británicos hicieron todo lo posible por evitarlo ya que era una magnifica presa, y a pesar de que los botes del Neptune y del Prince, que hicieron todo lo posible por salvar a toda la dotación del barco español, al menos 28 heridos que se encontraban en la bodega no pudieron salvarse, aunque algunas fuentes hablan de cerca de 80. El viento fuerte del sudoeste que aumentaba cada vez con más violencia, obligó a esperar varios días para recoger y anclar los barcos restantes para prepararlos para la destrucción. No obstante a pesar del esfuerzo por parte del Defiance, el Aigle se fue a la deriva en la bahía de Cádiz en la noche del 25, y quedó varado en del Puerto Santa Maria.

Las pocas capturas restantes quedaron varadas entre Cádiz y aproximadamente seis leguas al oeste de San Lucar; y el 28 la mayor parte de la flota británica se ponía al resguardo al noroeste de Lucar, el Royal Sovereing sin palos excepto el mayor y mesana, y el Mars también con los mismos palos, habia perdido su trinquete en el temporal. Entre el 28 y 30 el Intrépide fue quemado por el Britannia, y el San Agustín por el Leviathan y el Orion; y el Argonauta fue hundido por el Ayax. Otro de los navíos desmantelados, el Berwick, después de haber varado, naufragó completamente en San Lucar, debido al comportamiento frenético de una parte de los prisioneros quienes cortaron los cables creyéndose a salvo cerca de la costa. El Donegal, que estaba cerca, cortó su cable y se dirigió hacia el Berwick, que iba a la deriva, enviaron sus botes para salvar a la gente. Este noble proceder del Capitán Pulteney fue en parte recompensado, ya que pudieron salvar al menos a 200 hombres.

A Gibraltar pudieron llegar sólamente 3 barcos capturados. El Defence, acompañado por su captura, el San Ildefonso, anclaba por la tarde. El Swiftsure, que con la ayuda dada por el Donegal y el Phoebe, también fue salvado. Y el San Juan Nepomuceno, que mandara el malogrado Churruca, que llegó en un estado muy lamentable. En muchas fuentes se da también como navío capturado que regresó a Gibraltar al Bahama, pero si bien es cierto que fue apresado en la batalla, debido a la tempestad la tripulación española recobró el control del buque, siendo posteriormente evacuado por el Dreadnought todos los tripulantes ingleses y españoles, excepto los heridos que no dio tiempo. El Bahama continuó su errática singladura hasta el día 30, en el que embarrancó en la desembocadura del Guadalquivir, siendo socorridos los heridos que quedaban por pescadores de la zona, que intentaron a su vez quemar el buque. Pero una fragata inglesa apareció, y los pescadores sólo pudieron cortar el cable. La fragata debió hacerse de nuevo con el navío y llevarlo a Gibraltar, aunque otras fuentes aseguran que el buque se fue a pique antes de llegar. Es posible que ante las pírricas capturas que pudieron llevar a Gibraltar a los ingleses les convenía añadirlo a la cuenta.

Plano con los naufragios de los navíos de Trafalgar

  • Gráfico con las posiciones aproximadas de los navíos naufragados entre los días 22 y 27 de octubre a consecuencia del temporal y mal estado en que se encontraban dichos buques.

La ayuda del pueblo de Cádiz

Las fuerzas sutiles del Departamento de Cádiz, y el propio pueblo, se desvivieron en el rescate de los supervivientes de las tres escuadras. En cuanto se supo la magnitud del desastre se puso en marcha el operativo de rescate, utilizando cuanta embarcación hubiera disponible, preferentemente lanchas y balandras, que con el terrible tiempo y estado de la mar se arriesgaron, en algunos casos hasta el final, sus propias vidas. Se estima que la cifra de desaparecidos entre estas fuerzas (militares principalmente) fue de doscientas personas, al zozobrar alguna de estas frágiles embarcaciones, debido a lo complicado del rescate en un mar tan embravecido.

El pueblo de Cádiz se volcó con los naúfragos que iban llegando a la costa, algunos incluso a nado. Muchos de estos hombres eran británicos pertenecientes a las dotaciones de presa, que iban a bordo de los buques capturados de la combinada, y que se hundieron posteriormente y que fueron acogidos de manera admirable en sus humildes viviendas, sin mirar su procedencia, ya fueran ingleses, franceses o españoles. Muchos documentos de la época recogen este hecho, y los ingleses se enteraron de este trato humano hacia sus hombres, que fue primeramente publicado por la Gaceta de Gibraltar a los pocos días del combate. A los ingleses les impresionó cosas como que los propios soldados españoles cedieran sus camas a los prisioneros británicos y que el Marqués de Solano (Gobernador de Andalucía) ofreciera los hospitales de Cádiz a los ingleses para sus tropas y sus prisioneros ante el colapso de Gibraltar. A su vez los británicos habían socorrido desde el principio a las tripulaciones españolas y francesas de los buques capturados trasvasándolas a sus buques con el claro riesgo que suponía esto para ellos en alta mar y con el mar tan movido. Digno de elogio el caso del navío inglés Donegal (que había salido de Gibraltar) intentando salvar a la tripulación del Berwick. Todo esto pudo influir en la decisión de devolver a España a los pocos días la gran cantidad de prisioneros españoles que tenían, excepto un pequeño número de oficiales que fueron llevados a Inglaterra y puestos también en libertad al poco tiempo.

El comportamiento de las tripulaciones

Los franceses y españoles, en general, lucharon valientemente: algunos barcos individuales, en verdad, de ambas naciones se comportaron de la forma más heroica posible. En el ensañamiento contra el "Redoutable", el "Santísima Trinidad" o el "San Juan Nepomuceno" tienen unos de los mejores ejemplos, al ser atacados estos navíos por los ingleses con fuerzas dobles, triples, y en algún momento, como contra el "San Juan", hasta por cinco enemigos a la vez para obligarlos a la rendición. Tal capacidad de aguante debió sobrecoger bastante a los británicos, sobre todo cuando las tripulaciones de la flota combinada eran consideradas por estos tan inexpertas. Y si aguantaron tanto así, ¿Qué hubiera pasado si el nivel de estas tripulaciones hubiera sido similar al de los británicos?. Quien sabe.

Hay que indicar que a parte de la escuadrilla de Dumanoir que se escapó sin prácticamente luchar, hubo navíos españoles y franceses de la vanguardia de la línea sobre todo, que debido a la mala posición que quedaron tras la virada inicial, u otros motivos menos honorables, no tuvieron una actuación lúcida y se marcharon a Cádiz prácticamente sin combatir. También es verdad que algunos de estos buques, que habían quedado casi intáctos por la batalla, salieron en pleno temporal a rescatar a sus compañeros apresados.

Según Wiliam James los escritores británicos que escribieron cuando España estaba en paz con Gran Bretaña y Francia todavía en guerra con esta, declaraban que: "los españoles, en todas partes de la batalla, mostraron más firmeza uniforme y espíritu que los francéses" demuestran que sus palabras fueron dichas a causa del momento político de entonces. Elogiando la participación española a costa de la francesa, los mismos escritores deseaban que sus lectores dedujeran, que había una falta de unanimidad entre los barcos de las dos naciones en el momento de la batalla, y que casi íban por libre las dos flotas, haciendo creer que este era el pensamiento general de franceses y españoles, que los oficiales de ambas naciones se odiaban y que se dudaba de la cooperación de las dos naciones, llevándolos por esta causa a la derrota. Pero es extraño que ningún periodista francés o español hicieran nunca referencia a esto, ya que los navíos franceses y españoles fueron y vinieron sin criterio alguno a la ayuda de unos y otros cuando fueron atacados; y esto, al igual que habían sido colocados en la línea de batalla, todos ellos se mezclaron también en la batalla, sin ningún prejuicio nacional. Por la correspondencia entra mandos franceses y españoles no se demuestra en ningún momento esta confrontación, en todo caso se ve un respeto bastante alto entre ellos.

El otro reconocido historiador naval británico, Clowes, también hace incapié en la valentía demostarda por la flota combinada:

  • «Es errónea creencia, que debemos corregir, la de que los ingleses fueron más valerosos que los franceses ó los españoles, y que ésta fue la causa de nuestra victoria. La verdad es que la bizarría con que se batieron en Trafalgar españoles y franceses no podía excederse; muchos de los navios que rindieron habían perdido casi la mitad de su gente, y las circunstancias á que se sometieron hubieran acreditado, á los más brillantes campeones de cualquier tiempo.»

Como se ha comentado anteriormente, salvo la escuadrilla de Dumanoir, los franceses y españoles dieron lo mejor que tenían. Ante la imposibilidad de maniobrar adecuadamente se mostraron valientes y, sobre todo, aguantaron con estoicismo todo lo que les "cayó" encima.

Como muestra de ello una carta de un oficial preso, d. Pedro Abadía desde Inglaterra, elevó al general Castaños. De su lectura parece desprenderse que fue el combate del "Argonauta", uno de los navíos que más impresionó a los ingleses:

  • " Carta del 4 de noviembre.

    Excmo. Sr.: Las gacetas inglesas que remití a V. E. contribuyen de un modo especial con el tributo debido al mérito y dan bastante idea de cuanto ocurrió en el combate el 21 de octubre último, en tanto que se remitan completos detalles, me limito a decir a V. E. que cuando yo contaba encontrar a estas gentes llenas de orgullo e insoportables por su victoria, les he visto bien al contrario, rindiendo los mayores agasajos a nuestros Oficiales prisioneros, hablando de ellos con el mayor entusiasmo. Interiormente con harto dolor suyo, de que España tiene todavía marinos que presentará algún día con honor a sus enemigos. Los Coroneles de los Renimientos que se hallan aquí de guarnición me han convidado a porfía para que les lleve a los Oficiales marinos a cenar con ellos; los nombres privilegiados de Gravina, Escaño, Cisneros, Cagigal, Pareja, Uriarte, Valdés, etc.., son aquí conocidos y respetados.
    Tan cierto es que aun los que por la guerra se llaman enemigos, pueden desconocer un mérito que creían empañado en nuestra Marina Nacional. El fuego tan vivo que hicieron los navíos "Trinidad", "Argonauta", "Príncipe", "S.ª Ana", "Ildefonso", "Bahama", "Nepomuceno", "Leandro", "Montañés" y "Monarca" , se recuerda con admiración, y hay Capitán de navío que ha dicho preferir él una defensa tan brillante a la parte que ha tenido en la victoria. Los Comandantes Durham, Harvey, Pedlon, Redmil de los navíos "Belle-Isle", "Temerarie", "Conqueror" y "Poliphemus" y otros en cuya compañía comí en casa del general Fox, se perdían en elogios en referir la firmeza y uniforme valor de nuestros buques hasta el final de la acción, y no pude por pequeña complacencia oir las alabanzas que daban a nuestro Comandante Pareje, del "Argonauta", este navío quedó tal, que empeñados los ingleses en conservarlo, por saber que era el favorito de Gravina, echaron toda la artillería al agua, más las cubiertas y entrepuentes se vinieron abajo, después se fue a pique. El Comandante Durham me ha dicho que observo la figura de Pareja cuando el sólo que quedó en pie sobre el Alcázar. El "Trinidad" puso al de Nelson de que no haber sido inmediatamente sistenido por el "Temerario" y otro, Nelson se hubiera visto en la mayor confusión. Pero la notable diferencia que tenían los ingleses en navíos de tres puentes y en el efecto de las carronadas de grueso calibre, ambas ventajas considerables, y a que atribuyen principalmente el que se decidiese la victoria a su favor, es a lo que debe más atenderse cuando se quiera formar un recto juicio de este combate, que hará época en la historia de nuestra Marina.
    Los Comandantes Churruca y Galiano murierin héroes, y sus nombre son muy respetados entre estas gentes, también de ellos han muerto algunos Oficiales y Comandantes de mucho crédito."

Un relato inédito sobre el combate de Trafalgar

Colección González-Aller. Archivo Museo Naval de Madrid. Publicada en la Revista de Historia Naval numero 36 Año X 1992. Envío de Jose Ramon Viana Villavicencio.

Es una carta original de un personaje anónimo que escribe desde Cádiz a un amigo suyo, también desconocido. La carta original debió escribirse hacia el 26 de octubre de 1805 y la información procede, evidentemente, tanto de los relatos recogidos entre los supervivientes del combate como de la observación personal.

  • Sin haber acabado de salir de este puerto, la escuadra combinada se encontró con la enemiga, compuesta de 28 navíos, obre el cabo de Trafalgar, que es a boca del estrecho; a las diez de la mañana se hallaban las dos, combinada e inglesa, a tiro de cañón. La nuestra y francesa, en una línea con muy poco intervalo de buque a buque, lo que llaman línea cerrada. Los ingleses, que tenían barlovento, formaron tres divisiones y en pelotones cayeron hasta cerca de los nuestros, donde cada decisión se formó para cortar nuestra línea en trozos. El almirante Collinwood, haciendo cabeza de su escuadrón, se dirigió a la popa del Santa Ana y recibió el fuego de nuestros navíos sin tirar un tiro, hasta que estuvo entre popa del Santa Ana y proa del Fogoso, en cuya posición tiro una descarga cerrada al Santa Ana, al que desguarnio mucho. Dicho almirante siguió a ponerse a estribor del Santa Ana y la popa ocupó el navío ingles que le seguía, otro se puso por babor y entre los tres, en pocos momentos, desarbolaron y derrotaron completamente al Santa Ana. El general Álava, con varias heridas, se mantuvo hasta que un astillazo en la frente lo derribó sin sentido y lo retiraron abajo para darle la extemaución; al comandante de dicho navío(Gardoqui) le pasó el muslo una bala de metralla y tambien lo retiraron; después de tener sobre 400 hombres entre heridos y muertos se rindió el dicho navío. Al general Villeneuve le atacaron de la misma forma con otra división, dicen que al mando de Nelson, y le rindieron desaborlado, etc., igualmente; dicho general frances, sano, pasó prisionero al navío ingles Marte, que lo amarinó. Después atacaron al navío Trinidad y lo rindieron mocho como a los otros.

  • El general francés Magon murió en la acción, y el navío Algeciras, que mandaba, se rindió desarbolado y destruido enteramente habiendo perdido sobre 400 hombres. Del general francés Dumanoir nada sabemos positivo; dicen que escapo hacia el Mediterráneo con tres o cuatro navíos. El combate acabó a las tres de la tarde, a cuyo tiempo los ingleses tenían apresados (según dicen) 14 navíos, casi todos desarbolados de todos los palos. El general Gravina, al fin de la acción, estaba rodeado de tres o cuatro navíos ingleses y sin fuerza para resistir, herido él de un brazo, Escaño en un pie, etc., y fuera del combate la mitad de la tripulación. Un navío francés y el San Justo lo sacaron de aquel apuro y una fragata francesa lo remolcó. Después del día del combate (lunes<) han continuado los vientos por el SES y SSO y aún sigue el temporal. Los ingleses, con nuestras presas desmochadas y muchos de sus navíos desmantelados, cruzan y están fondeados a la vista de Cádiz por no poder salir del Saco y hemos visto y observado estos días.

  • Martes al amanecer, seis navíos españoles: Príncipe, Rayo, Asís, Leandro, Justo, Montañés; nueve franceses; Plutón, Héroe, y cinco fragatas y dos bergantines franceses fondeados enfrente de Rota; tres navíos sin palos hacia Torregorda pidiendo auxilio. Los ingleses, cerca, en número de 24 buques, muchos desmantelados.

  • Miércoles al amanecer, fondeados enfrente de Rota y canal los 18 buques de ayer entre San Sebastián y las Puercas; el Bucentauro, perdido y pidiendo socorro; se recogió la gente con trabajo, entre ellos 80 ingleses que lo habían marinado. El Aquiles se voló.

  • El Santa Ana y Neptuno, cerca de San Sebastián (castillo de esta plaza), sin palos y en bandolas, de vuelta de fuera hacia los ingleses que estaban a dos leguas remolcando los navíos San Juan y Bahama.

  • A las diez de la mañana se hicieron a la vela las fragatas francesas y varios navíos españoles y franceses, entre ellos el Rayo, y recogieron los navíos Santa Ana y Neptuno, que fondearon a la boca de Bahía; se retiraron todos menos el Rayo, que anocheció a dos leguas al Oeste.

  • Jueves al amanecer, se vieron en la costa entre Rota y el Puerto de Santa María varados y perdidos los navíos Asís y Neptuno y el Rayo desarbolado, en poder de los ingleses a distancia de cinco leguas al Oeste. Entraron en bahía, excepto el Santa Ana, otro navío español y un francés que están en la canal hacia las Puercas. Un navío Francés se mantiene fondeado hacia Torregorda pidiendo auxilio, que no se le puede dar por el temporal. Los ingleses, con sus presas, se divisaron en la tarde hasta número 37.

  • Viernes: amaneció el tiempo de temporal y agua. Al Rayo dicen lo han quemado los ingleses, y éstos se descubren entre el cerrajón. Sigue el temporal fuerte, de modo que los ingleses no pueden llevar sus presas, y el navío que ayer pedía auxilio (el Águila) acaba de entrar en bahía remolcado.

  • Por mucho que hayan padecido los ingleses en este combate, que sin duda ha sido el más tenaz y sangriento que han visto los mares, lo cierto es que Nelson ha conseguido destruir las nacientes escuadras combinadas de Francia y España.

  • Otro general Francés, que venía a tomar el mando de la escuadra, llegó ayer y se ha encontrado con estas noticias tan trágicas, que sólo puede escribirlas o quien sea tan cruel como los combatientes, o quien desee complacer de todos modos a sus ausentes amigos...

  • Yo y yo

Informe del Mayor General de la Armada, Antonio de Escaño, sobre la batalla.

(Envío de Antonio Laborda).

Antonio de Escaño realizó un informe sobre las deficiencias de la flota combinada y los errores que se cometieron. Un documento donde se ven los principales fallos que desembocaron en la derrota, además realizado por uno de los mejores y principales oficiales españoles que participaron en la batalla, y que en vez de hacer lamentaciones estériles hace una gran autocrítica sobre los estos problemas.

  • "Cuando se medita, después de haber visto las malas consecuencias de una maniobra que antes de ejecutarse se consideró útil, es fácil conocer las faltas de previsión. La escuadra combinada debió esperar al enemigo en una línea bien formada, cerrada y un andar regular en proporción del viento, y prevenido el general que no fuese atacado de maniobrar sin retardo para doblar biena los enemigos; pero el general en jefe dio importancia á que la línea fuese la natural y no la accidental, y en lugar de virar al amanecer la vuelta del N ornoroeste, para que se diese el combate más inmediato á la bahía de Cádiz y restablecer el orden en su línea de batalla de babor, no haciendo más alteraciones que la colocación de jefes en los puntos convenientes, se empleó mucho tiempo en colocar los navíos en unos puestos que aun no conocían, pues después de la salida del puerto no hubo lugar de notar el andar respectivo de cada buque, ni de hacer las enmiendas de estiva y de aparejo que conviene para que anden y gobiernen bien, circunstancias que, conocidas, hacen preferible el orden natural; tiempo que se necesitaba para formar bien la línea, para ponerla en andar regular, de modo que, teniendo movimiento de rotación, pudiese usar de sus fuegos, y no en facha, como se hallaron casi todos los navíos para no apelotonarse; lo que fué causa de que aquellos á quienes se dirigieron los enemigos para cortar la línea, no pudieron batirla hasta que estuvieron por los costados; tiempo necesario para poder hacer a los generales y capitanes las prevenciones parecieran oportunas para el buen éxito de la acción, pués ningunas se habían hecho, como parece regular, á la salida de la mar con conocimiento de la proximidad de los enemigos.

  • Cometido el primer yerro de no tomar la mura á babor y restablecer el orden luego que amaneció, cuando se viró debió restablecerse la línea, arribando todos los navíos, como está prevenido en los restablecimientos; alargándose el viento, las fragatas debieron señalar los pelotones para que los buques inmediatos maniobrasen para alinearlos, y en el acto del combate debían haber estado más próximas para facilitar remolques y comunicar órdenes y noticias.

  • »Al fin el enemigo cae sobre esta línea mal formada, en facha y casi toda inmóvil, y ataca muy de cerca, atravesando por los parajes que se les proporciona, maniobrando los unos en sostén de los otros, con el mayor acierto y prontitud, manifestando su facilidad de maniobrar, en cuya clase de ataque debían tener la superioridad que les proporcionaba su ejercitada y práctica. marinería contra unos buques que no la tenían y mareada parte de la tripulación.

  • Nada es más marinero y militar que el que una escuadra que está muy de barlovento de otra, para cazar sobre ella forme columnas que despleguen al tiro de los enemigos formando una línea que éntre en el fuego haciendo tanto o más daño como pueden causarle aquéllos; pero el almirante Nelson no desplegó sus columnas al tiro de la línea; cayó sobre ella para batir á tiro de pistola y atravesando, para reducir la batalla á combates particulares. Esta maniobra creo que no tendrá muchos imitadores. En dos escuadras igualmente marineras, la que ataque en esta forma debe ser derrotada. Para que no haya sucedido así el día 21 de Octubre, ha sido preciso que la combinada estuviese mal formada y en facha, como queda dicho, y que en ella hubiese, además de lo referido otras faltas esenciales relativas el la maniobra y marinería.

  • Los oficiales de guerra, tanto de marina como de ejército, los oficiales mayores, toda la tropa de infantería y la de artillería se han portado con la mayor bizarría; las baterías han estado bien servidas; los fuegos se han hecho con orden; la cartuchería fué conducida con método. Sólo cabe servirse mejor la artillería cuando su montaje y útiles están en el estado de perfección en que la tienen los enemigos. Pero no podemos decir lo mismo de las maniobras ni de los marineros: la de combate, como brazas y otros cabos de mucha importancia en estos casos, es necesario que sea según los modelos que hay en los arsenales, y que aún no son de reglamento en los buques, y la marinería que sea más militar y ejercitada.

  • Esta se debe considerar dividida en tres clases: matriculados, voluntarios y gente de leva ó presidio. Los matriculados es gente honrada; pero la mayor parte de ellos son pescadores que no han navegado en buques de cruz. Entre los voluntarios hay buenos marinos; pero, en general, es gente que no conoce disciplina, sin hogar conocido, sin amor al servicio y sin el entusiasmo que tienen los cuerpos organizados.

  • La mayor parte de la gente de leva es perjudicial á bordo, por falta de sargentos y cabos; es difícil que. pueda disciplinarse como la tropa; se exime cuanto puede de todo trabajo, y particularmente el de por alto, que no puede hacer sin riesgo de caerse, y hace confundir con ella á los matriculados y á los buenos marinos; de modo que no se puede decir que han cumplido bien, pues, cuando menos, se puede asegurar que han maniobrado con mucho retardo, y que han reparado muy pocas averías, como es preciso en combate. La clase de contramaestres y guardianes también se debe considerar endebl'e; la falta de navegar y la repugnancia que tienen muchos buenos hombres de mar á entrar en aqnel servicio, lo han hecho decaer de algunos años á esta parte, cuando es lo más necesario á bordo de los navíos. Sin embargo, la que estaba embarcada en la escuadra ha cumplido con la obligación de mantener sus puestos; pero sin la energía que dan la inteligencia y la práctica de haberse visto en otros combates y descalabros por temporales.

  • Los navíos no pueden ser mejores; tal vez un sistema de arboladuras más pequeñas los haría menos expuestos á averías en malos tiempos y en combates, y alguna más abertura en portas haría más útil el uso de la artillería; pero en lo que están muy mal es en bombas: los navíos Trinidad, Argonauta, San Agustín y otros franceses se han ido á pique por falta de tenerlas buenas. Yo estoy persuadido de que si los ingleses no hubieran adoptado en su armada las de doble émbolo, inventadas el año 1793, muchos de sus buques se hubieran ido á pique en el combate con el temporal que se siguió á él. El navío Santa Ana quedó, seguramente más destrozado que el Argonauta, y por llevar una bomba de las perfeccionadas en este arsenal, juzga el general Alava que no se fué á pique dicho navío, y lo mismo opina el jefe de escuadra D. Cayetano Valdés, porque tenía el Neptuno dos bombas de doble émbolo, que para prueba se las pusieron en el Ferrol.

  • 17 Diciembre de 1805

  • Antonio de Escaño

Partes de batalla de los comandates españoles