El combate de Nelson contra españoles que perdió en el último momento

Por Juan García (Todo a Babor)

Introducción

La paupérrima situación de la Real Armada en aquel año de 1796 se agravó, cuando España se vio obligada a cambiar de lealtades, pasando de luchar junto con los británicos contra la Francia revolucionaria, a buscar la paz con esta para revolverse contra su antiguo aliado.

El mal estado de buques y tripulaciones españoles sería aprovechado por los británicos, que no perderían la oportunidad de demostrarles a aquellos que habían salido perdiendo con el cambio.

Y el primero que lo hizo fue el recientemente nombrado comodoro Horace Nelson, que hacía un crucero desde Gibraltar hacia la isla de Elba, donde debía evacuar a las tropas británicas asediadas por los franceses. Nelson portaba su insignia en la fragata Minerve, que además iba en compañía de otra fragata, la Blanche.

El día 19 de diciembre de 1796, cerca de Cartagena, a las diez de la noche, divisaron dos embarcaciones españolas: las fragatas Santa Sabina y la Ceres.

Inmediatamente, Nelson ordenó la caza y se dispuso a librar un combate cuyo final no se lo hubiera imaginado nunca.

Las fragatas

Antes de proseguir con el relato, es importante aclarar el tipo de fragatas que participaron en este combate, para que nos hagamos una idea de las fuerzas y poder artillero para poder realizar una comparación.

Fragatas británicas

La HMS Minerve era una fragata de 40 cañones de origen francés1, con 28 cañones de 18 libras en la batería, 16 carronadas de 32 libras y 6 cañones de seis libras en alcázar y castillo de proa. Era por tanto una fragata pesada. Tenía una tripulación de unos 250 hombres. Estaba mandada por el capitán George Cockburn.

Captura de la Minerve, cerca de Tolón, 24 de junio de 1795
Captura de la fragata Minerve, cerca de Tolón, 24 de junio de 1795. Sutherland, Thomas; Whitcombe, Thomas Jenkins, James. National Maritime Museum, Greenwich, Londres.

La HMS Blanche era una fragata tipo, con 26 cañones de 12 libras en la batería, además de seis carronadas de 18 libras y seis cañones de 6 libras en alcázar y castillo de proa. Tenía una tripulación de unos 220 hombres. Estaba bajo el mando del capitán D’Arcy Preston.

Fragatas españolas

La fragata Santa Sabina era una fragata pesada, con batería de 28 cañones de a 18 libras y 12 cañones de seis libras en el alcázar y castillo. Hay que indicar que, además de no disponer de las potentes carronadas como las británicas, la Sabina, además, no podía utilizar los dos cañones más a proa de la batería por un defecto de construcción:

La extremada finura de proa de todas nuestras fragatas de este período, llevaban a esta lamentable situación que, en la práctica, suponía la inhabilitación de estas piezas en el combate, tras el primer disparo ante la imposibilidad de recarga.

Informe de Rovira en 1800. E. García-Torralba, La artillería naval…

El combate se libró en 1796, pero como vemos en 1800 todavía no se habían subsanado aquel fatal error.

fragata Santa Sabina
Modelo de la fragata Santa Sabina. Museo Naval de Madrid.

Sin embargo, era buena velera:

…esta fragata tiene el gobierno más fino que pueda desearse pues aunque sea su andar casi insensible obedece al timón con solo una cabilla como si fuera con viento fresco.

Relación de las propiedades de la fragata Santa Sabina… Cádiz, 21-1-1783, José Zerrato. E. García-Torralba Fragatas de la Armada española…

En esta ocasión, la Santa Sabina estaba bajo el mando del capitán de navío Mariano Jacobo Fitz James Stuart y Cagigal, cuyos ancestros pertenecían a la familia escocesa de los Estuardo, que habían sido antiguos reyes de Inglaterra.

En efecto, Jacobo Stuart pertenecía a la casa de los duques de Berwick, que posteriormente se convertirían en los duques de Alba, por extinción de esta familia. La fragata llevaba una tripulación de 252 hombres.

La fragata Ceres (advocación de Nª Sª de la Almudena) era otra fragata pesada con los mismos calibres y cañones que la Sabina. Fue botada en 1792. Estaba bajo el mando del capitán de fragata Ignacio de Olaeta y Allende Salazar.

Tenemos en principio dos fragatas pesadas españolas contra una pesada británica y otra normal. Esto puede parecer a simple vista como una ventaja por parte de los españoles, a pesar de los defectos de construcción de los que comentábamos.

Pero no lo es tanto si comprobamos que los británicos llevaban carronadas, mortales a corta distancia, y que sus tripulaciones, por haber navegado más, eran más experimentadas tanto en navegación como en combate, lo que, a nuestro juicio y como se verá, le dará una clara ventaja a Nelson y sus hombres a pesar de la buena actuación de la Santa Sabina y, particularmente, de la Santa Matilde, de la que ya hablaremos.

El combate de las fragatas

Aquella noche las fragatas británicas atacaron a las españolas. Yendo la HMS Minerve hacia la Santa Sabina y la HMS Blanche hacia la Ceres.

Nelson cuenta lo sucedido en una carta posterior a su padre:

Cuando me puse al habla con el Don (Jacobo) diciéndole: ‘Esta es una fragata inglesa’ y exigiéndole la rendición o que, de lo contrario, le haría fuego, su contestación fue noble y digna de la ilustre familia a que pertenece: ‘Esta es una fragata española, y puede empezar tan pronto como guste’. No me puedo figurar batalla más apretada ni violenta: las fuerzas idénticas en artillería, y casi el mismo número de hombres, teniendo nosotros doscientos cincuenta. Varias veces, durante la acción, le pedí que se rindiera, pero su contestación fue: ‘No, señor; mientras tenga medios de luchar’. Cuando ya no le quedaba ningún oficial con vida, me llamó, diciendo que no podía luchar más y rogándome que cesara el fuego. La fragata siguiente era la Ceres, de cuarenta cañones, y no quiso luchar mucho. No hay palo, verga, vela ni cabo que no esté deshecho. Los palos mayor y de mesana con la verga mayor son nuevos, como cada jarcia y cable en el barco, el palo de trinquete y su verga reforzados. A mi llegada aquí era noche de baile, y como asistían los Capitanes, me recibió el General en debida forma, y la música tocó determinada marcha: luego vino Rule Britannia. Nelson».

Tomo II de Nelson’s Correspondence, Volumen III

En ese escueto resumen que hace el comodoro inglés, habría que matizar varias cosas, entre ellas aquello de que no quedó ningún oficial con vida en la Santa Sabina, algo que no es cierto de ninguna manera. De hecho, sólo hubo dos oficiales españoles heridos de forma leve: el teniente de fragata Antonio Miranda y el alférez de navío Ildefonso de Rojas.

Lo que sí es cierto es que la Minerve y la Sabina eran muy parecidas en cuanto a porte y tripulación, aunque ya hemos comentado los defectos y carencias de la española.

En el parte del segundo de la Santa Sabina, el teniente de navío Francisco Lagrela, se deduce que la Sabina y la Ceres no debían navegar a la vista, ya que los de la primera pensaron que la fragata que se les echaba encima era la Ceres. No obstante, los británicos sí que habían visto a las dos fragatas españolas y se habían dividido para cazarlas.

Nelson en su carta dice que se pusieron primero al habla con la fragata española, lo que ocurrió a las 23:30 horas. Esto es verdad, ya que en el parte del español se especifica:

Y habiendo llegado a la voz habló en inglés lo que no se pudo entender, e inmediatamente se dio aviso al comandante dando la orden para que cada uno asistiese a su lugar.

Aquí hay una contradicción, ya que Nelson en su carta dice que el comandante español le dijo que no se rendirían.

El caso es que se prepararon para el combate y a la primera descarga los británicos echaron abajo el palo de mesana de la Sabina, dejando ya de primeras en difícil situación al buque de Jacobo Stuart, quien no obstante logró reaccionar y combatir durante dos horas y media.

Los británicos dispararon sobre todo a la arboladura, mientras que los españoles lo hicieron al casco, algo paradójico cuando siempre se adjudica a las dos marinas del periodo la preferencia contraria en los combates navales.

combate de la fragata Santa Sabina contra la HMS Minerve.
«Stuart contra Nelson», cuadro de Carlos Parrilla sobre el combate de la fragata Santa Sabina contra la HMS Minerve.

Así, prosigue el parte de Lagrela:

Nos contestaron la mayor parte de la obencadura, y el estay mayor al que solo le quedó un cordón: faltaron todos los cabos de babor, y por último vinieron los palos de mayor y trinquete abajo de resultas de estar pasados de las balas.

Los palos no cayeron en ese momento, pero estaban perdidos. Quedó así la fragata Santa Sabina muy tocada, haciendo imposible su maniobra y teniendo que rendirse sin remisión sobre la una y media de la mañana, siendo Jacobo Stuart transbordado a la fragata británica, donde Nelson quedó sorprendido del origen del comandante español.

¿Por qué se había transbordado al comandante español? Posiblemente porque Nelson no pudo poner a muchos de sus hombres a marinar la Sabina, dado que no sabían si tenían que seguir combatiendo contra la otra fragata española, que ya hacía rato que había desaparecido con la otra embarcación británica.

Desprenderse de mucha gente hubiera dejado a su fragata mermada de capacidades, por lo que optó por dejar sin mando principal a la Sabina, para así asegurarse hasta cierto punto de que los tripulantes españoles no intentarían recobrar su fragata si la Minerve se ausentaba en algún momento.

La Sabina había tenido 10 muertos y 46 heridos. La HMS Minerve sufrió 7 muertos y 34 heridos, una cifra muy pareja a la española que Nelson no reconoció, ya que según Cesareo Fernández Duro: «Nelson subió la cifra en su despacho a 164 bajas. También los grandes hombres tienen debilidades».

El historiador británico William James tampoco se fía mucho del propio Nelson y cita a la Gaceta de Cartagena adjudicando 10 muertos y 45 heridos a los españoles.

Además, el comodoro británico no podía saber exactamente que número de bajas había ocasionado al enemigo porque no pudo apresar la fragata de manera definitiva para comprobarlo, por lo tanto su estimación no era muy real.

En la rendida Sabina tomaron posesión el Teniente Hardy (futuro capitán del Victory en Trafalgar) y el Teniente Culverhouse, junto con 18 marineros que intentarían llevar la presa hasta Gibraltar, tras remediar algunas averías. Desde la Minerve se echó un cable para remolcar a la Santa Sabina, pues por sus propios medios era imposible.

Mientras la HMS Minerve empezaba su lucha con la Sabina, la HMS Blanche se dirigió hacia la Ceres.

El comandante de esta última fragata, el capitán de fragata Ignacio Olaeta, trató de zafarse de la Blanche, intentando escapar, lo que no consiguió de ninguna manera. Así pues, comenzó un combate entre estas dos embarcaciones.

Nelson en la referida carta, lo cuenta como si él con su fragata, después de despachar a la Sabina se fueron a por la Ceres, de la que dice que no luchó mucho, sin mencionar en ningún momento a la otra fragata británica. Pero en ese momento, cuando ya estaba rendida la fragata de Jacobo Stuart, la Ceres y la Blanche estaban fuera de la vista del comodoro británico.

Llegan los refuerzos

Todos aquellos cañonazos no habían pasado desapercibidos. La fragata española Santa Matilde, de 34 cañones, que estaba por aguas de Cabo Tiñoso, muy cerca de Cartagena, se dirigió hacia los fogonazos sobre las 23:30, justo cuando empezaba el combate de la Sabina y la Minerve.

Al mando de la Matilde se encontraba el capitán de fragata Miguel María Gastón de Iriarte, quien no se lo pensó y se dirigió a la acción sin perder tiempo. Este bravo comandante sería posteriormente el capitán del San Justo en la batalla de Trafalgar, cuya oportuna intervención ayudó al Príncipe de Asturias en su comprometida situación en dicha batalla.

La Santa Matilde era una fragata normal2 con el siguiente armamento: 26 cañones de 12 libras en su batería y 8 cañones de 6 libras (seis en el alcázar y dos en el castillo).

Cuando esta llegó a la altura de la Santa Sabina, esta ya se había rendido y estaba siendo remolcada por la HMS Minerve.

Gastón de Iriarte mandó hacer señales de identificación a la fragata española, pero esta no contestó, obviamente porque estaba marinada por los británicos, por lo que la Matilde descargó una andanada sobre su homóloga española.

Nelson, sin perder el tiempo, ordenó cortar los cables de remolque y se dispuso a enfrentarse con la osada fragata española. Eran las cuatro y media de la noche.

Así combatieron media hora, cuando la Matilde se separó para remediar las averías que le estaba ocasionando la endiablada puntería de los británicos.

En esta ocasión, aunque Nelson disponía de menos hombres y una tripulación muy cansada, contaba con la enorme ventaja de sus cañones de 18 libras contra los de 12 libras de los españoles, lo que suponía más del 30% de superior potencia de fuego en cada andanada, a favor de los británicos.

La Matilde, al ser una fragata de menor rango llevaba también una tripulación más reducida que la Minerve, aun sin los 20 hombres que le faltaban a estos últimos. Gastón demostró gran valor al echarse con ese arrojo a un oponente que era superior, cuando todavía no sabía nada de los refuerzos que iban a llegar.

Plano de la fragata Santa Matilde
Plano de la fragata Santa Matilde en su servicio en la Royal Navy. National Maritime Museum.

Pero la fragata británica no pudo renovar el combate, ya que otros buques españoles habían escuchado y visto los fogonazos y se dirigían a toda vela hacia la zona.

Se trataba del navío Bahama, de 74 cañones, mandado por el capitán de navío José Aramburu y la fragata Diana de 34 cañones, mandada por el capitán de navío Pedro Trujillo.

Ambos buques pertenecían a la escuadra del teniente general Juan Cayetano de Lángara y Huarte, que estaba cruzando por el islote de Escombreras.

Ante tal panorama la HMS Minerve abandonó el combate con la Matilde y huyó, tratando de nuevo de remolcar a la Sabina. Durante este combate los británicos habían tenido diez heridos más.

La fragata de Gastón de Iriarte, libre del empeño, se dirigió entonces a socorrer a la Ceres. Esta se había rendido ya a la Blanche, pero estos todavía no habían tomado posesión de la misma, por lo que los de la Ceres, al ver acercarse a la Matilde, renovaron la lucha tratando de ganar tiempo.

Los de la HMS Blanche, al ver acercarse a la otra fragata española, decidieron dejarlo e ir tras la Minerve.

En el combate con la Ceres, los británicos también habían seguido con la táctica de disparar a la arboladura, ya que el comandante Olaeta aseguró que tuvo que cambiar todos los palos en Cartagena debido al mal estado en el que se encontraban.

En aquel combate la Ceres había sufrido seis muertos y siete heridos, tres de los cuales lo eran de gravedad.

Mientras, la Minerve, la Blanche y la Sabina intentaban alejarse de la zona, pero el mal estado de la española no les dejaba. Aquí Nelson quiso apurar demasiado. Si hubiera sacado a sus hombres de la Sabina en cuando regresó del combate con la Matilde, se hubieran escapado sin dejar a nadie atrás.

Pero esto no ocurrió, ya que los buques españoles estaban muy cerca, tanto como para no arriesgarse a una evacuación. Con todo el dolor del mundo, Nelson tuvo que abandonar a sus hombres de la Sabina.

Además, se unió a la función el navío Príncipe de Asturias, de tres puentes y 112 cañones, que era el insignia del teniente general José de Córdova, comandante de la segunda escuadra del general Lángara.

Este se había dirigido a la zona desde las doce de la noche hasta la una y media de la mañana del día 20 con los primeros cañonazos de la Sabina y la Minerve. Sobre las cuatro y media y hasta una hora después volvieron a escuchar cañonazos y fogonazos descubriendo al amanecer a cinco fragatas, una de ellas desarbolada del palo de mesana, la Sabina.

El navío de tres puentes se dirigió a esta última fragata, disparando tres cañonazos para que se identificara, lo que ejecutó en el último momento enarbolando la bandera española. El general español mandó al teniente de navío José Vasallo en un bote a reconocer la embarcación.

Allí encontró a los británicos, que se rindieron. Y en ese instante los palos mayor y trinquete de la fragata, muy dañados por el combate, terminaron cayendo, dejando la fragata española completamente desarbolada.

Mientras, el navío Bahama trataba de dar alcance a la Minerve, pero esta logró escapar sin problemas perdiéndose de vista con su compañera Blanche a las tres de la tarde.

La fragata Santa Sabina fue reparada en lo posible, armando unas bandolas y dándole remolque la fragata Flora. Así llegaría a salvo a Cartagena3, no sin cierto apuro:

Nos hallamos sin víveres en esta fragata, pues solo tenía 8 días y la mayor parte de estos los ha cogido la gente después del combate: tenemos diferentes balazos a flor de agua los que nos han ocasionado hacer 25 pulgadas sobre cuaderna, pero a fuerza de dar a la bomba se ha disminuido hasta 8, y necesitarse los buzos para reconocer los fondos.

Tras el combate

Nelson dejó atrás a sus hombres, pero no los olvidó. En cuanto tuvo ocasión se puso en contacto con las autoridades españolas para solicitar el canje de prisioneros.

Mediante varias cartas a don Miguel Gastón de Iriarte, comandante de la fragata española Matilde, y fechada el 24 de diciembre de 1796 en alta mar, a bordo de la Minerve:

Señor: La fortuna de la guerra me dio posesión de la Sabina después de una defensa de las más bizarras: la misma señora, tan voluble, os devolvió el buque con algunos de mis oficiales y hombres a bordo. He procurado hacer lo más llevadera posible la cautividad de su valiente comandante, don Jacobo Stuart, y confío en la generosidad de vuestra nación para que de trato recíproco a los oficiales y hombres ingleses. Consiento, señor, en que sea cambiado don Jacobo y en que quede en plena libertad de servir a su Rey cuando sean entregados los Tenientes Culverhouse y Hardy a la guarnición de Gibraltar, con los otros que acuerde el Cartel establecido entre Gibraltar y San Roque para el intercambio de prisioneros. También se me cogió un criado en la Sabina: se llama Israel Coulson: no dudo de que V. E. dará órdenes para que inmediatamente me sea devuelto, por lo que me consideraré su deudor. También confío en que se mandarán a Gibraltar a los hombres que actualmente tenga prisioneros de guerra. Es propio de grandes naciones tratarse mutuamente con generosidad en alivio de los horrores de la guerra. Nelson.

Tomo II de Nelson’s Correspondence, Volumen III

En el intercambio de prisioneros, Nelson, al que hay que reconocer que sabía tratar a los vencidos con dignidad y más si habían demostrado valentía, le devolvió la espada a don Jacobo Stuart y lo envió a Cartagena.

Para salir al paso de alguna posible reprimenda de sus superiores por aquello, Nelson se justificó:

Esto está en consonancia con la dignidad de mi país, y yo hago siempre lo que creo justo sin pararme en rutinas; tenía reputación de ser el mejor oficial de España, y sus hombres eran merecedores de tal comandante.

Sin duda elogiando ya no sólo la figura del bravo capitán español, sino del buen comportamiento de sus hombres en el combate. En la siguiente carta que envía a Gastón, superior de Stuart, hace hincapié en esto:

No puedo permitir que Don Jacobo vuelva a su lado sin expresarle mi admiración por su valeroso comportamiento. A usted, que ha visto el estado de su nave, no es necesario demostrarle la imposibilidad en que se halló de prolongar la defensa. Yo he perdido en la refriega muchos hombres valientes, pero en nuestros mástiles fui el más afortunado, de no haber sido así, es probable que hubiera tenido el gusto de conocerle a usted. Pero Dios ha dispuesto las cosas de otro modo, por lo que estoy agradecido.

La cortesía en la correspondencia era algo normal en la época, como ya vimos con el propio Nelson en su también infructuoso ataque a Tenerife al año siguiente. A pesar de ser de diferentes naciones, la caballerosidad en las formas y tratos, al menos entre iguales, era algo que se respetaba y que los diferenciaba de otros «países no civilizados«.

El 29 de enero 1797 Hardy y Culverhouse fueron llevados a Gibraltar a bordo del navío español Terrible, como parte del intercambio de prisioneros.

Poco después, cuando la Minerve partía de Gibraltar el 11 de febrero, fue perseguida por algunos buques españoles que salieron a su encuentro. Al poco tiempo de salir de la colonia británica, un marinero de la Minerve se cayó al agua por accidente.

El teniente Hardy saltó para intentar rescatarlo, pero las corrientes eran bastante fuertes y se encontró entonces muy retrasado de la fragata y en peligro de ser capturado otra vez por los españoles, ya que el navío Terrible se acercaba.

Nelson, dijo: «Por Dios, que no perderé otra vez a Hardy», y ordenó recoger velas y maniobrar para ir en busca de los dos hombres.

Del infeliz marinero no se encontró ni rastro, logrando rescatar sólo a Hardy. Ya con el teniente a bordo, Nelson ordenó escapar a toda vela en vista de que el Terrible se acercaba cada vez más.

La Minerve, más rápida que el navío de línea español, estuvo pronto fuera del alcance de la nave española y al anochecer estaban ya lo suficientemente lejos para no temer nada.

Nelson, semanas más tarde, combatió arriesgadamente y de manera triunfal en el cabo de San Vicente. Pero los tropiezos con los españoles del valiente marino inglés no terminarían en este episodio de la Sabina. En julio de 1797 fracasó estrepitosamente como hemos comentado en el intento de invasión de Tenerife, donde a parte de muchos hombres, perdió el brazo derecho.

Anteriormente, en el bloqueo de Cádiz magníficamente defendidos por las lanchas y cañoneras españolas que causaron gran estorbo a la flota británica y ayudaron a romper el bloqueo en varias ocasiones, estuvo a punto de perder la vida en un abordaje de su bote con una cañonera española.

Aquí hay que reconocer a Nelson su valor, ya que siendo un oficial de alta graduación combatió en un pequeño bote como si fuera un oficial cualquiera.

Modelo de la fragata Santa Sabina
Modelo de la fragata Santa Sabina. Museo Naval de Madrid.

En definitiva, tras el combate de la Santa Sabina y la Minerve Nelson logró huir de un enemigo poderoso con relativas pocas pérdidas. Perdió más hombres en combate que los españoles y dejó a otros más prisioneros, pero no tenía muchas más opciones a la retirada.

No podía quedarse a luchar contra tres fragatas y exponerse al demoledor ataque de un navío de línea con sólo dos buques.

En contra de lo que suele narrar en las novelas del género o las películas, no era nada fácil rendir un barco, y mucho menos unos cuantos. Arriesgarse a combatir sabiendo que no tenía opciones lo único que podía ocasionar era la pérdida de más hombres, incluso de la del propio Nelson.

De todas maneras, esta fue la única ocasión que Nelson tuvo que retirarse de un combate naval abandonando a sus hombres y una presa.

Los británicos cuando mencionan este incidente pasan casi por alto que Nelson huyera. El marino británico se comportó de forma notable y tuvo una gran actuación, pero las cosas hay que llamarlas por su nombre y cuando un oponente se retira ante otro, por muchas buenas excusas que se tengan y se comprendan, se le llama huida, y esto jamás lo dirán las fuentes anglosajonas.

Les gusta recordar a Nelson como el hombre que nunca perdió una batalla, y así se encargan de hacerlo saber a todo el mundo, pero lo cierto es (la historia no miente), que perdió en Tenerife y perdió en este combate con las fragatas españolas, por mucho que lo quieran disfrazar con otros calificativos.

Si bien en este caso que nos ocupa fue una derrota muy honrosa para el marino inglés. Como bien dice el historiador y académico Agustín Ramón Rodríguez González:

Ya hubieran querido para sí otros de sus enemigos de entonces, fueran franceses, holandeses o daneses, poder decir en cualquier situación que habían visto la popa del buque de Nelson. Y, desde luego, si aquella modesta victoria la hubieran obtenido buques de cualquiera de esas naciones, no hubiera permanecido virtualmente desconocida hasta la fecha.

Notas

  1. Esta fragata, originariamente francesa (botada en 1794), fue apresada por los británicos en 1795, represada por los franceses en 1803 y represada de nuevo por los británicos en 1810. Tuvo los siguientes nombres en las dos marinas: Minerve, 1794–1795, HMS Minerve, 1795–1803, Canonnière, 1803–1810, HMS Confiance, 1810–1814.
  2. La Santa Matilde fue apresada por los buques de guerra británicos Donegal and Medusa en 1804, cerca de Cádiz, pasando a servir en la Royal Navy con el nombre de HMS Hamadryad. Los británicos adujeron que esta fragata no tenía un andar especialmente sobresaliente, pero sin embargo les pareció muy robusta, con un manejo fácil y mejor maniobra, aunque solía entrar más agua de la recomendada. También adolecía de una menor capacidad de carga, como muchas de las fragatas españolas, lo que hacía que sólo pudiera llevar víveres para 4 meses en vez de los 6 estipulados por la marina británica para sus buques. Aún así les hizo un buen servicio. Fue vendida en Woolwich por 2.610 libras el 9 de agosto de 1815. Curiosamente, en su servicio británico no tuvo problemas en llevar 28 cañones de 18 libras, además de 4 de nueve libras y 12 carronadas de 32 libras, lo que suponía un aumento más que apreciable de potencia de fuego respecto a su etapa en la Armada.
  3. Aunque la Sabina había recibido grandes daños pudo ser reparada por completo, estando posteriormente en servicio bastantes años en la Real Armada. En 1823 y llamada por entonces Constitución y con 40 años de fatigas en las cuadernas, se encontraba al mando de Ángel Laborde, navegando con otra de las fragatas del combate de 1796, la Ceres, y lograron derrotar a una escuadrilla mandada por el Comodoro Daniells, que se encontraba al servicio de los insurgentes americanos. En dicho combate apresaron dos corbetas y pusieron en fuga al resto: un bergantín, cuatro goletas y dos transportes.

Fuentes

  • «Presas de la Armada española (1779-1828)». Rubén Vela Cuadros.
  • «Fragatas de la Real Armada». Enrique García-Torralba.
  • «Dos cartas de Nelson». E.S.R. Revista General de Marina.
  • «Una derrota naval de Nelson en 1796». Agustín Ramón Rodríguez González.

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