La captura del navío Danzik.

El siguiente texto pertenece a un extracto del libro que escribió en 1952 don Julio F. Guillén, el que fuera miembro de la Real Academia de Historia y Director del Museo Naval de Madrid, y que lleva anotaciones sobre la vida de don Pedro Stuart, el comandante del navío Dragón. Dicho documento es un original del siglo XVIII y fue impreso en la Real Imprenta de Marina de don Manuel Espinosa de los Monteros y narra las vicisitudes ocurridas al navío español Dragón, de 60 cañones, en la persecución y captura del navío argelino Danzik, de igual porte. Una captura complicada por el estado de la mar y que parece sacada de una novela de aventuras por lo espectacular de la misma. He actualizado el vocabulario del texto original para su mejor comprensión por los lectores.

Relación de los principales acaecimientos ocurridos al capitán de navío don Pedro Stuart y Portugal, Comandante de los navíos de S.M. el Dragón, y el América, con el nombrado el Dancik, Capitana de Argel, el día 28 de noviembre de 1751

Este día al amanecer, hallándose a el OSO del Cabo de San Vicente, a distancia de 52 leguas, se avistó por el Barlovento, como a cosa de dos leguas, dos navíos grandes, los que luego que vieron los del Rey arribaron sobre ellos en popa, y largaron banderas holandesas, a lo que se correspondió con las inglesas. Continuando siempre la misma derrota, con viento por el NE y ENO bonacible la vuelta del E y ESE ciñiendo el viento cuanto se podía, para ganarles el barlovento, a fin de poderlos reconocer.

Pero estando ya ellos por la aleta de babor de esta capitana, casi a sotavento, a poco más de tiro de cañón largaron las banderas argelinas, y las aseguró su comandante con un cañonazo. De ahí a un rato practicó con la suya e inmediatamente hizo lo mismo el comandante español, virando de bordo, y con sólas las gavias y juanetes se fue el Dragón a ellos de vuelta encontrada, con el navío América por la popa, y reconoció ser estos navíos los dos mayores de la Regencia de Argel, llamados el Dancik (que era el insignia) de 60 cañones y el Navío Nuevo, (sic) que así le llamaban, de 54 cañones.

Traían embicadas las cebaderas, y que para si acaso intentaban abordar no lo consiguieran se determinó separarlos, como se consiguió a las 11 de la mañana. Así que recelando de que fuéramos navíos de guerra, se puso uno de vuelta del SO, a huir un largo, y el otro la vuelta del ESE de bolina. A este que era el segundo navío, no se pudo dar más que dos descargas a satisfacción, porque continuó su bordada, y manteniéndose muy a barlovento no volvió a entrar más en función, por lo que continuó el Dragón con toda fuerza de vela siguiendo al de sotavento, que era el Comandante, cañoneándole toda la tarde, sin poderse acercar bien a él.

A las cinco y media de la tarde el Dragón llegó a ponerse con él. Costado con costado a tiro de fusil y estuvo allí batiéndole, hasta las dos y media de la madrugada del día 29 sin parar. Dejándole desarbolado del mastelero de gavia y cortada su driza mayor.

Entró entonces el navío América a continuar el fuego, retirándose el Dragón a componer sus jarcias, maniobras y velas, que estaban todas hechas pedazos por su fuego, que fue horroroso.

A las ocho y media de la mañana, ya reparado del mejor modo posible, y con otra gavia, que fue menester envergar nueva, porque la que sacó del primer ataque estaba hecha añicos, el Dragón volvió a la función, retirándose a componer el América. Manteniéndo el combate sin parar, con el América que después de compuesto volvió también al combate, hasta las dos y media de la tarde, que a causa del poco viento, junto con la mucha mar del NO y la falta de maniobras, los separó fuera del tiro de cañón, dejándo al navío enemigo sin el palo de mesana, con la popa hecha mil pedazos, todas las maniobras cortadas y las velas hechas una criba. El citado Dragón además le hizo, aparte de lo dicho, ocho balazos a la lumbre del agua, quien al tiempo de ir a atacar esa mañana le vio arriar la bandera al navío argelino, y habiendo preguntado después qué había sido aquello supo que el Arraez (1) la había mandado arriar viendo el infeliz estado en que se hallaba su navío, imposible de escapar, pero que los Turcos de la Tayfa la habían vuelto a izar y que habían querido matar al Arraez.

El Navío Nuevo se mantuvo muy lejos a barlovento, hasta el día 30 por la mañana que se perdió de vista.

[La huída de este navío les costó caro a sus oficiales. Según la Gaceta de Madrid del 26 de enero de 1752: "Escriben de Liorna, que el patrón de un navío de este puerto, que acababa de arribar del de Argel, refería que la noticia que se recibió en aquella ciudad de la presa del navío almiranta, nombrado el Danzig, hecha por los españoles, había causado consternación general; y que el Bey de esta Regencia se había enfurecido tanto con esta novedad, que desde luego mandó ahorcar, no sólo al Comandante, sino también a todos los demás oficiales de la capitana, por haberse retirado del combate, abandonando al Danzig".]

Como a cosa del medio día, hasta las dos y media de la tarde de ese día, el Dragón, debido al viento, no pudo volver a ponerse a distancia de batirse con el Danzik. Pero desde esa hora, y junto al América, le batió hasta ponerse el sol, que el poco viento y la mucha mar del NO los separó por segunda vez, quedando el navío argelino hecho una criva y sin quererse rendir. Sin esperanza alguna de poderse salvar, ni más ventaja que el poder (no obstante la mucha mar) jugar su batería baja, que era muy floreada y hermosa, (2) este fue el motivo por el cual no se le atacó el día primero de diciembre; pero el día 2, a las doce y media, el Dragón lo hizo con toda fuerza y ánimo a no dejarlo hasta rendirlo. Y allí, dándole esta capitana, y el América alternativamente, continuadas descargas y estándolo batiendo el Dragón a las cuatro y media de la tarde el navío Danzik arrió la bandera y arboló una blanca.

Inmediatamente pasó el teniente de fragata don Domingo Martineli a bordo del navío rendido para saber el estado en que se hallaba y qué quería decir aquella bandera blanca. Volvió con algunos cautivos cristianos, que dijeron que estaban los moros rendidos, aguardando los sacasen cuanto antes porque se iban a pique. Volvió Martineli con el primer carpintero y el primer calafate de su navío para que trajese a bordo al Arraez y los principales oficiales y reconociesen verdaderamente el estado en que se hallaba el navío.

A las nueve de la noche volvió Martineli con el Arraez, llamado Mohammed Chirif, y sus principales oficiales pasando de nuevo al Dansik a continuar las diligencias de atajar el agua, y ver si tenía forma de composición en cuanto a lo demás. De allí a las pocas horas se retiró de una vez a bordo, con el carpintero y calafate y aseguraron él y los maestros que era imposible habilitar aquel navío, que estaba pasado, y repasado, a cañonazos. Y que tenía tantos de estos a la lumbre del agua que dificultaban enteramente el poderla atajar, teniendo ya tanta en la bodega, que no se podía achicar. Agregándose a esto el estar tan hecho pedazos por todas partes, que no tenía figura de navío por dentro, y con la mucha mar del NO, que había vuelto a levantarse, acababa de echar el palo mayor y el de trinquete al agua.

Esas razones obligaron a no pensar en otra cosa sino en sacar a la gente, como se ejecutó al día siguiente día 3, repartiendo los moros y cautivos en los dos navíos Dragón y América. Sacando también los heridos y no habiendo podido sacar nada de fundamento, por la mucha mar del NO, sólo la gente que ha ido y venido a sacar a los moros se ha aprovechado de algunas cosas.

Concluída la diligencia de sacar la gente, a las ocho de la noche de este día, el condestable del Dragón pegó fuego al navío rendido, que a las nueve ya ardía por todas partes, hasta las dos de la mañana del día 4, que yendo a menos el fuego, por estar ya casi todo el navío consumido, se pusieron los referidos navíos en derrota para Cádiz, no habiendo hecho estrago la pólvora del navío argelino por estar los pañoles llenos de agua. Hallándose estos entonces al SO cinco grados S del Cabo de San Vicente, a distancia de 115 leguas, distante 68 leguas del paraje en que se inició el combate.

Así acabó la capitana de Argel nombrado el Danzik, después de cuatro ataques fuertísimos y bien reñidos de un fuego horroroso de ambas partes, en lo que han demostrado los turcos más su barbaridad que su valor, pues debiendo en toda Ley de Guerra haberse rendido la mañana del segundo día, que se inició el combate, aguantaron hasta el quinto, sin esperanza de poderse salvar, sin puerto que tomar, sin tener por donde ser socorrido, perdiendo inútilmente su gente. Últimamente se ha sabido que parte de ellos, viéndose ya ir a pique, se quisieron volar, pero los demás se opusieron con las armas a su intento y cinco de los principales de ellos, viendo arriada la bandera, y sabiendo que no se podía volar el buque se echaron al agua con sus armas.

Por el fuego que han hecho los dos navíos de S.M. se puede intuir lo que ha costado rendir a estos bárbaros, aunque con la fortuna de no haber tenido ningún oficial de guerra, ni guardamarina, herido ni muerto. (3).

No se podrá nunca ponderar demasiado la conducta de todos los oficiales, guardamarinas, como así mismo su valor y el de todos los individuos de la guarnición y tripulación del navío Dragón, dignos del mayor premio. Sin olvidar nunca la buena compañía que ha hecho el navío América (4).

Los referidos navíos han disparado en los cuatro ataques 4.444 cañonazos y 4.660 disparos de fusil y apresado 323 turcos, 6 renegados y conseguido la libertad de 50 cautivos. Han quedado exclavos 69 argelinos y muertos de los mismos 190.

Captura del navío argelino Dansik

  • Notas:
    (1) Un Arraez era el quivalente a un comandante o capitán de buque.
    (2) Los navíos españoles llevaban con toda probabilidad en su batería baja cañones de a 18 libras, siendo la del navío Danzik seguramente de a 24 libras y que podía hacer uso de ella a pesar de la mala mar que había al contrario que los españoles, de ahí que el autor diga que era muy floreada y hermosa.
    (3) La Gaceta de Madrid informó de 25 heridos y 3 muertos de la tripulación del Dragón y el América. Un número muy bajo en comparación con las bajas de los argelinos.
    (4) El navío América, de 60 cañones, estaba mandado por el capitán de navío don Luis de Córdova.